Los errores de Sánchez y la soledad de España

Si algo le faltaba a Pedro Sánchez para que se hiciera evidente su más absoluta soledad política es que le estallara una crisis como la de Ceuta. Un auténtico polvorín político que ha evidenciado cuatro cosas: los servicios de seguridad han sido incapaces de ofrecer una aproximación realista de lo que iba a suceder al Gobierno y eso ha sido fruto, también, de un largo y viejo desencuentro. En segundo lugar, los exagerados gestos del Gobierno de aproximación a Marruecos, cambiando, incluso, la posición española en el Sáhara Occidental, no han servido para nada. En tercer lugar, Estados Unidos e Israel esperaban su ocasión para hacer evidente que Ceuta y Melilla serán marroquíes cuando Mohamed VI quiera y ellos no harán nada para evitarlo. Y, finalmente, la mayoría de los países de la Unión Europea han aprovechado la salida en unas pocas horas de hasta 60.000 marroquíes hacia la ciudad de soberanía española para hacer evidente su malestar con la política migratoria de Pedro Sánchez.

El hecho de que hasta 22 países de la Unión Europea hayan firmado una carta impulsada por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y que tanto ha enfurecido al primer ministro español, contiene una crítica implícita a la gestión española de la crisis, que no se limita a expresar su preocupación por lo ocurrido en Ceuta, sino que reclama una respuesta inmediata y coordinada de la UE, exige reforzar las fronteras exteriores de la Unión y plantea acelerar los retornos de los inmigrantes irregulares. Que la carta se haya hecho pública después de lo sucedido en Ceuta elimina cualquier análisis interesado que pretenda poner el acento en que son muchos los países destinatarios. Entre otras cosas, porque solo España la tiene.

El hecho de que de los 27 países de la UE tan solo España, Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo hayan evitado firmar la carta ya traslada la soledad de España

El hecho de que de los 27 países de la UE tan solo España, Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo hayan evitado firmarla ya traslada la soledad de España. No la ha firmado el Gobierno Sánchez porque era el aludido; Francia y Portugal, como países vecinos, no quieren incendiar aún más la situación; Irlanda es el país que ocupa rotatoriamente la presidencia de la UE; y Luxemburgo se encuentra lejos de una problemática como esta. En consecuencia, Sánchez no puede argüir ni que solo son unos pocos, ni que sean países de la derecha, ya que ciertamente los hay de esta ideología —Italia, República Checa o Finlandia—, pero también de centroderecha —Alemania, Grecia, Chipre y Croacia—, liberales —Estonia y Bélgica— o socialdemócratas como el Reino de Dinamarca. 

El semanario Politico, el más influyente en Europa, ha puesto el acento del malestar de los 22 países de la UE en la regularización de hasta 1,2 millones de inmigrantes aprobada por el gobierno español y que, en su opinión, ha actuado también como un factor de atracción. La crisis de Ceuta no sería, según el semanario con sede en Bruselas, un episodio aislado provocado únicamente por Marruecos, sino que estaría relacionada también con la percepción de que entrar irregularmente en España puede acabar conduciendo a una situación legal. Vamos, que España es un coladero. Como sucede siempre en la UE, las posiciones se acercarán, pero las discrepancias ya son irreconducibles y se han hecho públicas.

Curioso país este de España en que, con una crisis política descomunal, el presidente del Gobierno mantiene su calendario de vacaciones como si tal cosa y se va el 1 de agosto hacia Lanzarote, en principio durante cuatro semanas. Y del jefe del Estado no hay imágenes de actividad alguna desde el despacho con el presidente del Gobierno el pasado día 29 en el Palacio Real de la Almudaina de Palma. Hace solo tres días, pero lo de Ceuta no había sucedido. Realmente, Spain is different.