A la vuelta de las cortas vacaciones de Semana Santa, la política española girará hacia una de las elecciones más trascendentes, ya que estas sí definirán el adelanto o no de las elecciones españolas. Pero no solo eso, la carpeta del nuevo modelo de financiación autonómica deberá cerrarse o no; ERC deberá decidir si, después de haber hecho retirar al PSC los presupuestos de Catalunya, rebaja su exigencia de la transferencia del 100 % del IRPF y lo cambia por alguna competencia que la Generalitat no tenga y, antes del verano, llegará la esperada sentencia del Tribunal Superior de Justicia Europea (TJUE) sobre la retirada de la orden de detención de Carles Puigdemont y su esperado retorno a Catalunya.
Por orden, la primera carpeta que deberá sustanciarse es cómo votarán los andaluces. Después de cuatro años del barón popular Juanma Moreno dirigiendo la comunidad andaluza con una política de corte centrista y con elogios de personalidades socialistas de antaño como el propio Felipe González, el PP aborda la difícil o casi imposible asignatura de revalidar la mayoría absoluta. En 2022 sacó 58 escaños de los 109 parlamentarios con los que cuenta la Cámara andaluza. Tiene un margen escaso de tres diputados a perder, pero el auge de Vox condiciona el resultado final. El PSOE cayó a 30 escaños hace cuatro años y, si pierde el tres, la crisis con su candidata María Jesús Montero está asegurada.
La clausura de esta carpeta tendrá, sea cual sea el resultado, enormes consecuencias para la política catalana y española
El PSC y Esquerra esperan que, cuando las elecciones andaluzas hayan pasado el Rubicón, se abran las carpetas que tienen pendientes. El ministro valenciano Arcadi España deberá conducir tanto la de la nueva financiación como la de la transferencia del IRPF. Este puzle, si sale adelante, tiene para Salvador Illa el premio de los presupuestos catalanes, los primeros que se aprobarían desde su llegada a la Generalitat en agosto de 2023. Tanto el PSC como Esquerra confían en que el valenciano España tenga la cintura que le faltó a Montero y a ello ayude una cultura política de los socialistas valencianos, que no es la de los andaluces.
Y el curso político, que llegará hasta el verano, se cerrará con el esperado fallo del TJUE sobre el president Puigdemont. El dictamen del abogado general, de finales de noviembre de 2025, dio esperanza a una sentencia en la misma dirección. No hay indicios sólidos de lo contrario, pero el TJUE siempre guarda un enorme hermetismo sobre el resultado de sus fallos y la fecha en que se producen. Ciertamente, nada es en Europa como en España. La clausura de esta carpeta tendrá, sea cual sea el resultado, enormes consecuencias para la política catalana y española.
En resumen, van a ser meses de alto voltaje en política doméstica, a los que se añadirán los problemas derivados de las turbulencias en política internacional. Con un Donald Trump desatado, que hace imposible saber cuáles serán sus próximos pasos.