Acaba de reconocer el Ministerio de Cultura que el uso del bono cultural joven, que concede 400 euros a quienes cumplen 18 años en el año de la convocatoria, y que puso en marcha en 2022 el entonces ministro Miquel Iceta, como uno de los proyectos emblemáticos del llamado renacimiento cultural, se había utilizado también para pagar entradas de discoteca con consumiciones y que en las dos primeras ediciones del programa, el año 2022 y el 2023, al menos 479.790 euros se abrían destinados a lo que define, de manera críptica, como una cantidad de dinero destinada a usos indebidos. Para nuestra tranquilidad, desde el Ministerio que ahora capitanea Ernest Urtasun, el dirigente de los Comuns, el uso fraudulento es escasísimo, ya que la inmensa mayoría de los jóvenes lo usan bien y, según sus cálculos, el gasto indebido en 2022 habría representado el 0,3% de un total de 71,9 millones de euros, lo que equivale a 215.850 euros.

Yo no sé qué es lo que considera insuficiente o irrelevante el ministro Urtasun. O escasísimo, por usar la palabra que ha empleado, según el ABC, y no recurrir al sinónimo. Pero a mí se me antoja una cifra importante, ya que hay magnitudes del dinero público, el que aportamos todos los ciudadanos con nuestros impuestos, en que hablar de porcentajes es hacerse trampas al solitario. Las personas normales nos movemos en nuestro día a día en euros y no en porcentajes. Notamos que aumenta la cesta de la compra porque nos cuesta más a nuestro bolsillo y no recurrimos a cuál es el porcentaje que ha aumentado. Lo mismo con el alquiler del piso, la petición de una hipoteca, el precio de la luz o de la gasolina o lo que nos cuesta salir a cenar. Lo que escucho de la gente es que alquilar un piso en Barcelona es cada vez más costoso, con precios promedio que rondan entre los 950 € y 1.155 € al mes, según datos de finales de 2025, situándose como la ciudad más cara de España.

Sí, 479.790 euros utilizados de manera fraudulenta para pagar entradas de discoteca con consumiciones es mucho dinero, aunque lo relativice el ministro Urtasun

Ya les gustaría a las diferentes administraciones que tratan de luchar contra esta escalada de precios que solo se hablara de porcentajes, pero resulta que cuando uno acude a alguna de las plataformas de alquiler de pisos, uno se asusta de los precios, de lo que va a tener que pagar de su sueldo, no del porcentaje que ha aumentado y que sirve, en todo caso, para hacer un Excel, no para hacer números en el mundo real. Y sí, 479.790 euros utilizados de manera fraudulenta para pagar entradas de discoteca con consumiciones es mucho dinero, aunque lo relativice el ministro Urtasun. En España, quizás por falta de cultura democrática, existe, en muchas ocasiones, una falta de autoexigencia en el uso del dinero público. Por ejemplo, es cuestionable, o así me lo parece, que para compensar que Rodalies no funcione, se expidan cientos de miles de abonos gratuitos.

Es un atajo al problema pretender aplacar la ira de la gente con abonos gratuitos. Más allá de que, al hacerlo tan a menudo, pierde el efecto impacto de una medida como esta. Lo que la gente quiere es que los trenes funcionen, cosa que no sucede. Solo en las primeras semanas, tras la activación de la medida de emergencia en enero de 2026, Renfe ha confirmado la expedición de 320.000 abonos gratuitos para Rodalies de Catalunya. Pero es que en el primer cuatrimestre de 2024, se alcanzaron los 653.000 abonos gratuitos para Rodalies y Media Distancia, y a principios de 2023, la cifra total de catalanes que utilizaban estos títulos gratuitos rondaba los 700.000 usuarios. Ya sé que puede haber quien piense que, ya que nunca llega a la hora, al menos, que el viaje le salga gratis. Pero es una mala cultura, que, lejos de formar ciudadanos exigentes y vigilantes, acaba trasladando una impresión equivocada.