Tal día como hoy del año 461, hace 1.565 años, frente a las costas de Portus Ilicitanus (actualmente Santa Pola, País Valencià), se había producido una concentración de trescientas galeras romanas que fondeaban a la espera de que se les unieran otras doscientas. El objetivo de dicha armada, comandada personalmente por el emperador Julio Valerio Mayoriano, era dirigirse a las provincias romanas del norte de África y liquidar los asentamientos de los vándalos —un pueblo germánico procedente de las orillas del mar Báltico— que se habían establecido ahí poco antes. Pero una flota vándala, capitaneada por el rey Genserico, se presentó por sorpresa y atacó a la flota romana.

Aquel enfrentamiento sería llamado Batalla de Cartagena, a pesar de que el puerto de Cartago Nova estaba a casi 70 millas náuticas del cuadrante donde se produjo el combate. Según las crónicas coetáneas (Hidacio, obispo de Aquae Flaviae, actualmente Chaves, al norte de Portugal), una parte muy importante de los capitanes romanos no reaccionó, ya que habían sido previamente sobornados por agentes de los vándalos. La destrucción de la flota romana de Mayoriano pondría fin, definitivamente, al dominio romano en la mitad occidental del Mediterráneo y a los proyectos imperiales de recuperación de las provincias del norte de África. El fin definitivo del Imperio romano de occidente se produciría, tan solo, quince años más tarde (476).