No deja de ser llamativo que durante todo el verano PSOE y Podemos se hayan echado los trastos a la cabeza por multitud de temas, desde el escandaloso precio de la luz a la repatriación de 800 menores a Marruecos, y la primera cosa en la que hayan coincidido haya sido en los límites de la mesa de diálogo entre España y Catalunya. Y no porque Podemos haya conseguido desplazar, ni que sea mínimamente, al PSOE hacia posiciones digamos más abiertas, sino porque la formación que otrora capitaneaba Pablo Iglesias sitúa los límites de cualquier acuerdo en el marco de la Constitución o cuando menos en el marco de la interpretación de la Constitución que ellos hacen y que deja fuera todas las reivindicaciones del independentismo.

Pablo Fernández, coportavoz de la nueva dirección estatal de Podemos, considera que el Estado ya ha hecho el punto de inflexión con la concesión de los indultos a los presos políticos y que ahora toca al independentismo desescalar en sus posiciones de amnistía, referéndum y autodeterminación. Podemos es la última formación que viene a sumarse a la bola política e informativa que empezó El País y que progresivamente han ido alimentando patronales, sindicatos y opinadores varios, dando por muerto el movimiento soberanista y situándolo exclusivamente en la reivindicación de temas autonómicos. De ahí la fuerza que la han dado todos a la posición favorable del Govern a la tercera pista del aeropuerto de El Prat y a los Juegos Olímpicos de invierno, en un esfuerzo por situar a los partidos independentistas desandando el camino iniciado en 2012.

Lamento pinchar este globo, pero el movimiento independentista está desorientado y confuso, ciertamente. También espeso desde el punto de vista táctico y estratégico, algo, en parte, comprensible cuando la política en Catalunya no tiene, ni mucho menos, visos de normalidad con exiliados, presos políticos recién recuperada la libertad, pero inhabilitados para cargos públicos, represión judicial y procedimientos varios como el del Tribunal de Cuentas. Pero quien confunda esto, de aquí y de allá, con su falta de horizonte volverá a equivocarse y a errar el tiro.

La llamada erróneamente mesa de diálogo, ya que será de negociación o no será nada, solo tiene horizonte si tienen cabida las reivindicaciones del independentismo. El tiempo lo hará evidente, ya que para otro tipo de cuestiones temáticas hay un sinfín de comisiones en las que se pueden debatir. Pedro Sánchez lo sabe, de ahí que trate de retrasar al máximo sus reuniones -de hecho con este Govern ha habido cero- y a ver sin mientras tanto se ahorra poner encima de la mesa propuestas de calado y llega, aunque sea a trompicones y con engaños, a las nuevas elecciones. Su verdadero objetivo es ganar a PP y Vox las próximas españolas y los catalanes ahí andamos haciendo de liebres para que pueda presentarse en Catalunya como el gobernante pacificador y en España como el político que no ha hecho concesiones.

En contra de lo que pueda parecer, la partida no está en manos del gobierno del PSOE sino del independentismo catalán. Si es capaz de recuperar la iniciativa y adoptar una estrategia ganadora hay partida por delante. Porque la gente, la ciudadanía, está.