Que el caso de la muerte de Isak Andic iba a ser el gran tema de sucesos se sabía desde que la jueza de Martorell acusó a su hijo Jonathan de un presunto delito de homicidio y decretó su ingreso en prisión eludible con una fianza de un millón de euros, la retirada del pasaporte, la prohibición de salir del territorio español y comparecencias semanales en el juzgado. Aquella decisión de la juez, previsible desde la muerte del propietario de Mango a mediados de diciembre si uno prestaba atención a lo poco que se filtraba de las investigaciones de los Mossos d'Esquadra, no era contemplable, en ningún momento, por la defensa, que siempre se blindó en que no había pruebas que vincularan al heredero con la muerte de su padre.
Ello forzó un cambio evidente de la defensa encargada al penalista Cristobal Martell. Si en un primer momento la batalla era exclusivamente lograr el sobreseimiento de la causa y que Jonathan Andic quedara fuera del caso, ahora, a ese objetivo se ha añadido otro casi tan importante como el primero: conseguir imponer un relato en la opinión pública de inocencia. En síntesis, la policía ha hecho mal su trabajo y a la jueza el caso le ha venido grande. Todo ello acompañado de dos impactos mediáticos: en el primero, Isak Andic se caía, meses antes de precipitarse al vacío en un camino de Montserrat, llegando a un acto público y sin ningún obstáculo delante. Para ello compartieron un vídeo que, en mi opinión, ya dije en su día que no demostraba nada pero que servía para generar dudas y provocar un gran ruido.
Cada cosa que se filtra en este caso pretende lo mismo: construir una línea argumental
Este lunes, la defensa ha distribuido unos audios de Jonathan llamando al 112 desde Collbató después de que su padre se precipitara al barranco. En ellos se le oye llorar y cuesta que su voz se pueda oír con total nitidez, aunque se entiende perfectamente que pide ayuda, explica que su padre se ha caído y que no le responde. Esta llamada se produce más de cuatro minutos después de la caída y tras hablar con la pareja de su padre. Las dos primeras llamadas a Emergencias fueron a las 12:36 horas y 13:13 horas y después hubo varias más. Es cierto que en los vídeos se le nota desencajado y apesadumbrado, pero de eso a considerarlo una prueba definitiva hay un abismo.
Como la transcripción de unas conversaciones entre padre e hijo en el móvil en que el segundo le decía cinco meses antes de morir: "No me extraña que pensaras que era capaz de matarte". Cada cosa que se filtra en este caso, y veremos muchas más en la estrategia de la defensa, pretende lo mismo: construir una línea argumental, ya que saben de la enorme importancia de la opinión pública en este caso, sobre todo si no acaba archivado y acaba siendo juzgado por un tribunal popular. Esa batalla será larga y aún hay mucha tela por cortar. Estamos ante un juicio enormemente mediático en el que hay, además, varios juicios paralelos por tratarse de Isak Andic, cómo murió y la acusación a su hijo de presunto delito de homicidio.
