Se ha despedido del Consejo de Ministros, y según explican varios de los presentes en un acto emotivo, la vicepresidenta del gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Dirigente populista como pocas e insensible a las demandas catalanas, tiene dos condiciones quizás necesarias, aunque seguro que insuficientes, para su próximo destino: candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía. Montero vuelve a hacer política allá donde la inició, ya que en su biografía su primer cargo relevante fue consejera de Sanidad y Consumo entre 2004 y 2013 bajo las presidencias de Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y consejera de Hacienda y Administraciones Públicas de la Junta de Andalucía entre 2013 y 2018 con Susana Díaz de presidenta. La moción de censura ganada por Pedro Sánchez en 2018, con el apoyo imprescindible de los partidos independentistas catalanes, la catapultó directamente a Madrid, como ministra de Hacienda, a la que sumó primero y durante dos años el cargo de ministra portavoz y, más tarde, el de vicepresidenta. Con la marcha de Montero, solo quedan desde el inicio la ministra de Defensa, Margarita Robles; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; y el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas.

En su bagaje figura un hito que, esperemos, nadie consiga superar en el futuro: desde los presupuestos aprobados para 2023, ninguna cuenta pública ha superado el corsé del Congreso de los Diputados y llevamos tres años con prórrogas. Desde 2018, los últimos aprobados por Mariano Rajoy y gestionados en el segundo semestre por el PSOE, la ministra solo ha sacado adelante tres presupuestos. En otros tiempos, o ahora, incluso en otros países, con uno solo ya se desencadena una crisis política. Aunuqe hay muchas aristas en su biografía como ministra —ha liderado una etapa de constantes subidas de impuestos que no se ha traducido en una mínima mejora importante de los servicios públicos, se ha visto inmersa en casos de corrupción que afectan a antiguos altos cargos y personas de su entorno en el Ministerio y ha incumplido la transposición de una directiva europea que permitiría a los autónomos con facturación inferior a 85.000 euros quedar exentos del IVA, por citar tres—, se ha de destacar que ha aguantado el bastión de la intransigencia en las negociaciones con Catalunya.

A ella se le debe un acuerdo de financiación autonómica que, tal como está planteado, nunca verá la luz, por más que tenga el apoyo de PSC y Esquerra. Un modelo pretendidamente singular en su origen y que hoy solo con visión borrosa puede ser considerado así. Ya puede venir la legión de haters correspondientes a decir lo contrario, pero es que es así. Su última batalla, que por ahora ha ganado, ha sido su resistencia a la cesión del 100% del IRPF a Catalunya, utilizando como argumento la defensa del sistema de financiación común y la preservación de la solidaridad interterritorial. Montero sostiene que la gestión tributaria debe seguir un modelo que beneficie a todas las comunidades por igual, rechazando lo que considera privilegios. Con este planteamiento, sostiene que el sistema actual ya asegura la suficiencia financiera de Catalunya, aportando miles de millones adicionales a las competencias que gestiona.

A Montero se le debe un acuerdo de financiación autonómica que, tal como está planteado, nunca verá la luz, por más que tenga el apoyo de PSC y Esquerra

Montero emprende viaje a Sevilla y esa será su bandera electoral: que no ha cedido con Catalunya. Y tendrá razón. Y si no, que alguien explique si hemos reducido algo en el déficit fiscal del Estado con Catalunya, parapetada en el riesgo de un agravio comparativo. Nunca una mentira sonó tan bien y se hizo tanta demagogia para la vicepresidenta; las balanzas fiscales son un instrumento que favorece el reproche entre comunidades autónomas y no reflejan la realidad de la solidaridad territorial. En consecuencia, pelillos a la mar. Total, dicen que no son 21.000 millones de euros y que Catalunya lo calcula con el método del beneficio respecto al flujo monetario, que genera resultados muy distintos y confusos para el ciudadano. Pero si estos argumentos no son suficientes, siempre tienen un tercero o un cuarto. A lo mejor, el sustituto o la sustituta de Montero no será mejor, pero, como dice el refrán, bon vent i barca nova, que trabajo va a tener para no perder bous i esquelles en las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo.