Foto Colectania, la sala de exposiciones del paseo Picasso, presenta la exposición La Movida. Crónica de una agitación. 1978-1988. Recoge la obra de cuatro fotógrafos icónicos que retrataron la movida de Madrid: Miguel Trillo, Ouka Leele, Alberto García-Alix y Pablo Pérez-Mínguez. Cuatro fotógrafos que no sólo vieron la movida, sino que además la vivieron con intensidad y que fueron capaces de plasmar "el imaginario de su tiempo", como afirmaba en la presentación de la exposición García-Alix, quizá el más icónico de estos artistas. La exposición, que ha sido coproducida por Foto Colectania y el Festival Les Rencontres d'Arles, ha sido posible gracias a la Fundación Banco Sabadell, y se podrá visitar hasta el 16 de febrero. En la presentación de la exposición estuvieron presentes Alberto García-Alix y Miguel Trillo.

Alberto García-Alix, Ana Curra esperando mis besos, 1984. Gelatina y plata sobre papel baritado, tintado al té. Copia de época. © Alberto García-Alix/VEGAP.

Cuatro diversos

Los cuatro fotógrafos presentados no es sólo que fotografiaran la movida, sino que formaban parte de ella. La fotografiaron, pues, desde dentro. Todos ellos se relacionaron con el mundo más underground (García-Alix incluso se retrata inyectándose heroína). Se relacionaban con músicos, con fans, con artistas, con trabajadores del sector... Trabajaron con Berlanga, con Almodóvar, con Radio Futura, con Javier Mariscal... Y eso que los cuatro eran autodidácticas. La mayoría empezaron a hacer fotografías cuando eran jovencitos y fueron aprendiendo el oficio sobre la marcha: "no lo veíamos como un trabajo, en principio", explica García Alix. Los ofrecían visiones diferentes de la fotografía y del arte, pero eran amigos y colaboraban en muchos proyectos. En realidad, fotografiaron a las mismas personas en muchas ocasiones, y aparecen a veces juntos. Pero sus estilos a menudo eran bien divergentes: los colores espectaculares de Ouka Leele contrastan con la severidad de García-Alix, y los ademanes del público de los conciertos de Miguel Trillo contrastan con las fotos de artistas de Pablo Pérez-Minguez. "Éramos como vías de trenes, que van en la misma dirección, que están siempre juntas, pero que nunca convergen," explica con humor Trillo.

Ouka Leele. Madrid, 1984. Cibachrome a partir de una fotografía en blanco y negro pintada con acuarelas. Copia de época. © Ouka Leele / VEGAP.

Drogas, sexo y tribus urbanas

García-Alix y Trillo han querido combatir la visión edulcorada de la movida que últimamente aparece a algunos medios de comunicación y que es reivindicada, ahora, por la cultura más elitista. "La movida nació underground y murió underground", ha recordado García-Alix, quien no se esconde que cuando era joven había consumido heroína: "No me arrepiento de nada". Pese a todo, Manuel Trillo ha querido recordar que aquel mundo underground culminó con muchas muertes trágicas, incluso de algunos de los personajes retratados (por sobredosis, por violencia...). Ambos coinciden con criticar ferozmente a los que atribuyen el surgimiento de la movida a Tierno Galván y al PSOE. Recuerdan que a a los socialistas les hubiera gustado que triunfaran los cantautores, y los que se habían opuesto al régimen tranquista, pero los que triunfaron con la movida fueron "los hermanos pequeños" que estaban mucho menos politizados, pero que de otra forma se arrogaron la libertad, y se distanciaron de los modos de vida de las generaciones anteriores, rompiendo con la moda de la época, con la música, con los locales donde iban e incluso con el peinado ("aquí los punks no llevaban cresta, sólo el pelo despeinado", recuerda Trillo, "si sólo por llevar la raya en medio y no al lado ya decían que eras gay...). En realidad, algunos seguidores de la movida fueron muy perseguidos por los ultras. Al mismo García-Alix le pegaron un navajazo (que inmortalizó en un célebre autorretrato). Pero no se arrepiente nada; afirma que su vinculación en la movida "fue muy estimulante en su vida". Y canta al hedonismo vital de los jóvenes de aquella época.

Alberto García-Alix, Autorretrato con el cuerpo herido, 1981. Gelatina y plata sobre papel baritado. Copia de época. © Alberto García-Alix / VEGAP.

Artistas más allá de la fotografía

La relación de estos cuatro artistas con la fotografía fue ambigua. Admiraban a los fotógrafos más modernos y seguían con interés las revistas de fotografía, pero querían ir más allá. García-Alix ha apuntado que ellos no pertenecían al mundo de los fotógrafos, pero que pudieron iniciarse en esta carrera porque "estaban en el lugar adecuado en el momento adecuado". En realidad, reconocen que básicamente retrataban a amigos y a gente que conocían. Y los retrataron posando, no por sorpresa. García-Alix afirma que para él el retrato "es una postura ética y estética". Al fin, la carrera fotográfica de los cuatro convergiría con otras áreas, y acabarían exponiendo en salas de arte y tratando con todo tipo de artistas. García-Alix, pasado el tiempo, sólo lamenta, "no haber hecho más fotografías".

Miguel Trillo. Junto a Rock-Ola. Madrid, 1983. Cibachrome, copia de época. © Miguel Trillo / VEGAP.

Hijos artísticos de la movida

Miguel Trillo apunta que "sin la música no se podría entender mi fotografía, pero tampoco se podría entender sin el ruido, los humos y la oscuridad de las salas de conciertos". Porque Trillo se fijaba, a menudo, más en el público que en el escenario: "aquello era el espectáculo". "Yo era fan del público madrileño, que era anónimo," explica. Con sus fotografías de espectadores anónimos quiso "democratizar el punto de mira", y también democratizó la difusión del arte: fue de los primeros artistas que empezaron a usar las fotocopias en color. Hacía copias de sus fotografías y las vendía por 500 pesetas. "Era lo más popular que podía ser", explica Miguel Trillo.

Ouka Leele, Un domingo por la mañana, 1981. Copia digital (Vitra). © Ouka Leele / VEGAP.

La semilla barcelonesa

Aunque la movida es inequívocamente madrileña, los aires de libertad que la inspiraron venían de Barcelona, recuerda García-Alix. Con eso coincide Miguel Trillo, que recuerda, por ejemplo, que las grandes revistas de fotografía eran catalanas (y afirma que Ouka Leele coincide con su apreciación). Alix apunta que en los años 1976 y 1977 viajaban a menudo a la capital catalana para vivir la intensa vida cultural. A partir de 1978, en cambio, es Madrid el que "entra en efervescencia". A partir de aquí, las historias divergirían.

Pablo Pérez-Mínguez, Póster Rock-Ola: Alaska, Pedro y Fabio, 1983. Cibachrome, copia posterior. © Pablo Pérez-Mínguez / VEGAP.

El instagramer antes de hora

Los fotógrafos presentes han querido homenagear a Pablo Pérez-Mínguez, el único de los cuatro que se exponen que ya está muerto. Han recordado que fue Javier Pérez Grueso (de Radio Futura) quien le hizo entrar en el mundo de la movida. "Era el primer instagramer, iba siempre con su cámara y lo fotografiaba todo", explica su hermana. Su casa se convirtió en su estudio, y allí bien a menudo y se encontraban muchos jóvenes artistas de la movida. Allí se grabaron películas, como Laberintos de pasiones, se hicieron obras artísticas, se elaboraron proyectos... En la exposición queda constancia de todo ello a través de muchas fotos del mítico estudio. En cambio, Miguel Trillo solía ir con dos cámaras, una cargada con carrete de fotografía en blanco y negro y el otro con un carrete de diapositivas en color. Con la de color, hacía las fotografías que exponía en galerías artísticas (y que ya proyectaba, antes de que los artistas empezaran a usar las diapositivas en sus obras y performances). Las de blanco y negro las usaba para publicarlas, anónimamente, en fanzines. Hoy, en Foto Colectania, se pueden ver tanto obras de su faceta pública (en color) como las realizadas en el anonimato (en blanco y negro).

Miguel Trillo, Concierto de Cadena Perpetua en el Festival Lega-Rock. Leganés (Madrid), 1984. Cibachrome, copia de época. © Miguel Trillo / VEGAP.

Recuperar a los fotógrafos españoles del pasado

La Movida. Crónica de una agitación se integra dentro de un programa de Foto Colectania de difusión de fotógrafos españoles, aquí y en el extranjero. Por el momento esta exposición ya se ha mostrado en el festival Les Rencontres d'Arles. Ha sido comisariada por Antoine de Beaupré, Pepe Font de Mora e Irene de Mendoza. La editorial Cabeza de Chorlito ha publicado un libro que actúa como catálogo de esta exposición: La movida: crónica de una agitación. La exposición se ha hecho con fondos de los propios fotógrafos y también de la colección de Adolfo Aurich, porque se ha querido priorizar los materiales que los mismos fotógrafos consideraban relevantes de su pasado.

Alberto García-Alix, Eduardo Haro y Lirio, 1980. Gelatina y plata sobre papel baritado, tintado al té. Copia de época. © Alberto García-Alix / VEGAP.

La movida como espacio de libertad

Esta exposición nos permite, al mismo tiempo, acceder a fotografías extraordinarias de artistas magníficos, y aproximarnos al fenómeno cultural y musical de la movida. Es más que justificado escoger a los cuatro fotógrafos, tanto por su indiscutible calidad como por su relación con la movida. De cada uno de ellos se presenta un buen número de fotografías, pero, además, incorpora otros elementos sin los que sería muy difícil entender aquel movimiento contracultural: hay cortometrajes, fanzines, revistas, portadas de discos... Una exposición que enseña mucho y que abre un interrogante: ¿qué fue la movida? A través de las imágenes vemos que tuvo un importante elemento de postureo (los participantes en el movimiento parecía que tenían la necesidad continua de dejarse fotografiar con sus posturas más estereotipadas). En realidad, algunos miembros icónicos de la movida, como Alaska, sacaron mucho rendimiento de su postureo y parecen hoy muy lejos de la contracultura. Pero García-Alix recuerda el peso que el hecho underground tuvo en la movida y ofrece pruebas indiscutibles de ella. Este fotógrafo, además, alega que los aires de libertad que dominaban en la movida no han acabado hoy. Y apunta que la rebeldía se mantiene entre los jóvenes, que tienen como papel natural reivindicar la libertad. Para Alix, aunque la movida ha terminado, los aires que la animaron están bien vivos.

 

Foto de portada: Pablo Pérez-Mínguez, Camerinos del Marquee. Concierto de Alaska y los Pegamoides, 1981. Copia digital © Pablo Pérez-Mínguez/VEGAP.