Hasta el 16 de enero 2022, en La Virreina Centre de la Imatge podemos encontrar una retrospectiva de Adrià Julià (1974) que, con el título de Conquesta de l'inútil, nombre tomado del libro de Werner Herzog, hace un recorrido por una selección de su obra desde 2006 hasta la actualidad. Un artista que profundiza en lo que nos muestran las imágenes desde una perspectiva histórica, política o científica. Haciendo uso de varios lenguajes que van de la fotografía a la performance.
Valentí Roma, director de La Virreina-Centre de la Imatge y también comisario de la exposición de Adrià Julià, anunciaba este pasado lunes un avance de la programación de 2022. Una línea de la cual es la relación de la imagen y el discurso que en la Conquesta de l'inútil ya empieza a avistarse. Cada semana, en el mismo recinto expositivo, tienen lugar dos performances como parte de la obra del artista.

La primera: El capitán, la niña y la política aplicada al apetito (2010) es una traducción y adaptación de un fragmento de la película del mismo Adrià Julià, Ruinas de Fala. La acción nos sitúa en un escenario teatral donde se desarrolla la acción de la película, pero narrada por sus propios protagonistas. Los cuatro personajes, a los que pone voz Anna Port, nos explican la historia en primera persona como sujetos y objetos de la situación. Son la película y ven la película. La intérprete, casi siempre de espaldas al espectador, concentra toda la fuerza en el poder evocador de la palabra constructora de la imagen y del espejismo. No por nada este proyecto del artista investigaba las experiencias fracasadas de las comunidades fourieristas en el continente americano. Utopías basadas en un discurso contenido de poderosas imágenes que nunca acabaron de materializarse.
La otra performance que podemos ver es El tirano penitente: Dolores Is Pain (2019) que con la estructura clásica de los tres actos del lenguaje cinematográfico más convencional tienen como unidad temática el maíz como medio colonizador de la industria cinematográfica norteamericana. Estrenada en Los Ángeles, aquí la interpreta César Martínez, que transita por tres voces muy diferenciadas. La primera parte es un fragmento del poema Oda a un ruiseñor de John Keats. La segunda, un monólogo escrito por Debora Antscherl y el mismo Adrià Julià. Y la última es la reproducción de una entrevista a Berlyn Brixner, operador y fotógrafo de los lanzamientos de la bomba atómica en su fase de perfeccionamiento. La performance tiene lugar ante una gran obra en forma de mural que tiene como nombre "Una flor blanquísima" - expresión aparecida en el Códice florentino del s. XVI para describir lo que más tarde Hollywood explotaría hasta convertirlo en un producto de masas; la palomita.
El poder de la imagen
El artista Adrià Julià construye cada una de estas dos performances con gran rigor dramatúrgico. Donde la imagen tiene tanto poder como el discurso. Un discurso implícito en la imagen. Una imagen que implica un discurso. Dos lenguajes que en su mano se complementan para incluso contradecirse si hace falta, pero que al fin y al cabo crean un diálogo vivo y efectivo en su obra. Una destreza que nos hace recordar que las artes escénicas son eso... artes. De vez en cuando está bien que alguien nos haga memoria. Aunque sea fuera de un teatro.