Joan-Lluís Lluís, novelista de larga trayectoria, conoce bien el poder de las historias, de los cuentos y de los relatos orales. Con Junil a les terres dels bàrbars, el primer libro que publica después de hacer el cambio de Proa a Club Editor, recibió el premio Òmnium de novela. Recogiendo un éxito notable de lectores y habiendo recorrido gran parte del territorio catalán a golpe de presentación, el autor sigue hablando de la obra con delicadeza y sencillez, como un sabio que conoce bien las rendijas, que ha visitado todos los rincones.

Junil es un libro sobre escapar para vivir, sobre los líos del mundo romano y sobre el poder y la capacidad transformativa de la literatura. La protagonista, sometida a un padre despótico y tramposo, vive perdida, recluida y con miedo, hasta que se encuentra fortuitamente con la poesía de Ovidio, el gran poeta romano. El encuentro, como en tantos otros adolescentes literatos, es una puerta a un nuevo universo, incitante y reconfortante a partes iguales que le cambia a trayectoria. "A ella la literatura seguramente le salva la vida", dice el autor. A partir de aquel momento, todo se convertirá en una búsqueda por poder conocer al poeta en su lugar de exilio, en un camino que la hará encontrarse con uno grupos de viajeros particulares, soñar en una sociedad sin esclavos y descubrirse a ella misma.


El escritor ganó el premio Òmnium Cultural a mejor novela del año. / Sergi Alcàzar

Decorado romano para una fábula

"Me fascina el destino trágico de Ovidio, como pasa de príncipe de poetas a exiliado en un momento". Ovidio, explica Lluís, fue la puerta de entrada a la historia de Junil. Es un episodio de la historia clásica rodeado de misterio: todavía hoy no sabemos realmente los motivos de la caída en desgracia de este gigante de las letras romanas. En el libro, el mundo romano es un decorado sugerente y una referencia, pero no estamos ante una novela histórica en términos clásicos. La narración transcurre más en el terreno de la novela de aventuras o de la fábula, llena de nombres y episodios históricos que son ficcionales, y también llena de obstáculos que los protagonistas tienen que superar para seguir avanzando en su camino y que actúan como motor narrativo.

Joan-Lluís Lluís: "Me fascina el destino trágico de Ovidio, como pasa de príncipe de poetas a exiliado en un momento"

Los protagonistas buscan, en su huida, no sólo a Ovidio sino también a la tribu de los alanos, situada en los confines del Imperio y de la cual han oído que vive sin esclavos; una realidad muy diferente a la del mundo de donde vienen. Lluís descubrió la existencia de este pueblo en el proceso de documentarse para la novela y enseguida vio un elemento narrativo que podía ser importante. "Hay una frase de un pensador anarquista que dice que la única autoridad aceptable es la que nace de la competencia personal", explica, "y me di cuenta de que este concepto corre por debajo de la novela prácticamente todo el rato, como una corriente subterránea que irriga lo que hacen los personajes". Como en la idea del filósofo, los personajes, algunos de los cuales esclavos huidos, avanzan sin caudillo ni líder, marcando juntos su propio paso, sin tener que establecer jerarquías sólidas entre ellos. Son un grupo en que se mezclan todo tipo de orígenes sociales y educativos. Al horizonte, la promesa de una sociedad justa. "Eso es utópico, porque evidentemente los humanos no vivimos así".


Es una novela sobre los líos del mundo romano y sobre el poder y la capacidad transformativa de la literatura. / Club Editor

Y dentro de esta utopía libertaria en construcción permanente, Junil. Es un personaje que mezcla la ingenuidad y la ternura de su juventud con un carácter fuerte y la capacidad de asumir decisiones duras. Antes de la huida, ante la insistencia de un pretendiente de familia rica para que se case, lo denunciará a través de un poema que cuelga por sus calles y la cólera del aludido será el desencadenante que la obligará a marcharse. "A los personajes, yo los observo pero no siempre consigo entenderlos del todo", dice Lluís de su escritura, "los hago actuar pero a veces no sé exactamente porque hacen una cosa determinada."

En la novela, pues, la literatura no es sólo un elemento positivo. También actúa como arma de ataque o incluso un medio sucio para conseguir la fama. Si Junil provocará la ira de su pretendiente humillándolo con un poema, su padre se convertirá en poeta famoso copiando deshonestamente versos escritos por otros artistas. "La literatura puede ser un arma sin lugar a dudas. Los himnos nacionales sirven para que la gente se vaya a matar y a morir básicamente", pone como ejemplo al autor. Y no elude hablar de farsantes: "en todas las sociedades humanas hay farsantes y en literatura todos podríamos nombrar a alguno u otro, en la catalana también".