Lisboa (reino de Portugal), 1 de diciembre de 1640. Hace 385 años y pico. Los estamentos de poder portugueses coronaban a Juan de Braganza, que reinaría como Juan IV, y Portugal se separaba del edificio político hispánico. Después de una larga guerra (1640-1668), Portugal no solo confirmaría su independencia, sino también la posesión sobre las colonias que había creado con anterioridad a la incorporación a la monarquía hispánica (1580). Brasil, Madeira, Azores, Santo Tomé, Guinea, Angola, Mozambique, Goa, Malaca, Molucas y Macao pasarían a formar parte, de nuevo, del restaurado imperio colonial portugués. Excepto Ceuta, conquistada por Portugal en 1415, que continuaría formando parte de la monarquía hispánica.
¿Ceuta era, inicialmente, portuguesa?
El 21 de agosto de 1415 —ciento sesenta y cinco años antes de la incorporación portuguesa al edificio político hispánico— las tropas del rey Juan I de Portugal desembarcaron y conquistaron Ceuta, hasta entonces en poder del Imperio mariní o amazig. El propósito de Portugal era obtener una parte esencial del control sobre el tráfico del estrecho de Gibraltar y, sobre todo, de las nuevas rutas de navegación hacia las fuentes de abastecimiento de los productos de lujo de la época (oro, esclavos, especias) en el África atlántica. Durante el "período portugués" (1415-1580), Ceuta sería, también, la base de operaciones portuguesas en el norte de África, como por ejemplo el proyecto del rey Sebastián I —desaparecido en combate— que ambicionaba expandir Portugal sobre el Imperio mariní.
¿Por qué Ceuta no regresó a Portugal?
El pasado portugués de Ceuta (1415-1580) ha permanecido en el escudo de la ciudad, que es una réplica del de Portugal y que no es poca cosa. Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué cuando Portugal se independiza (1640), las oligarquías de Ceuta no secundan la revolución portuguesa, como lo hicieron las clases dirigentes portuguesas o las clases criollas del antiguo Imperio colonial portugués? Por la composición y el liderazgo sociológico de la población. Mientras que en Portugal y en sus antiguas colonias las potentes clases mercantiles impulsarían la revolución, en Ceuta las oligarquías locales, representadas por militares portugueses pero totalmente dependientes del aparato hispánico, lo impedirían. Sus salarios venían directamente de la cancillería de Madrid.
¿El motivo económico fue el único?
La historiografía ha insistido mucho en la cuestión económica para explicar la posición de Ceuta —de sus clases dirigentes— durante la revolución portuguesa de 1640. Pero esta cuestión económica desenmascara una segunda razón tanto o más poderosa que la primera: la confianza. Un simple vistazo a la evolución de los hechos en Ceuta después de la coronación de Juan IV en Lisboa (1640) delata que los militares portugueses destacados en Ceuta no tenían ninguna confianza en el nuevo Estado portugués. ¿Porque eran familias que habían prosperado a la sombra del poder hispánico y temían ser represaliadas? Parece que sí. ¿Porque pensaban que el nuevo Estado portugués no garantizaba la defensa de Ceuta como lo podía hacer la monarquía hispánica? También parece que sí.
¿Ceuta forma parte de una realidad "hispánica" desde el año de Maricastaña?
El nacionalismo contemporáneo español argumenta que Ceuta forma parte de una realidad "hispánica" desde la antigüedad. Sostiene que, a finales del Imperio romano (siglo IV), la provincia Mauritania Tingitana (el tercio norte del actual Marruecos) con Ceuta fue incorporada a la Diócesis (región) de Hispania. Sostiene que, después del colapso del Estado romano (siglo V), Ceuta pasó, varias veces, de hispanovisigodos a bizantinos (romanos orientales). Y sostiene un origen tan íntimamente ligado a la "Hispania" peninsular, hasta afirmar que Ceuta fue la plaza donde se urdió la "terrible" traición al rey hispanovisigodo Rodrigo, que enterró su alma y su reino en el río Guadalete (711), batalla que marcaría el inicio de la conquista árabe de la península.
¿Y realmente es así?
Ceuta ha sido y es una plaza con extraordinario valor estratégico. Y esto ha comportado los múltiples cambios de dominio que ha conocido en el transcurso de su historia. Uno de los últimos —y que nos puede dar más perspectiva— es la conquista portuguesa de 1415. Con esta operación militar los portugueses impulsaron una gigantesca limpieza étnico-religiosa que dejó la ciudad vacía y totalmente en manos del nuevo poder. La misma operación que los castellanos perpetrarían en Granada (1492) o que los catalanes habían perpetrado en L'Alguer (1354). Estas sustituciones demográficas eran habituales en la época. Y todavía lo son, en la actualidad. Por todo esto, los argumentos del nacionalismo español se desmoronan, como lo hacen los argumentos del panhelenismo que reclama la soberanía griega sobre Estambul.
¿Cómo acabará la crisis de Ceuta?
El destino de Ceuta y Melilla está más que decidido. Sea cual sea el color del Gobierno del momento, España entregará Ceuta y Melilla —más pronto que tarde— a Marruecos como en su momento el régimen nacionalcatólico de Franco entregó el Sáhara Occidental y Sidi Ifni a los marroquíes, repatriando la población española que vivía allí. La pregunta no es cuándo, sino cómo lo asumirá la sociedad española cuando esto ocurra. Y en este punto, la experiencia de la historia nos revela que, muy probablemente, se producirá una crisis política de dimensiones colosales como la que siguió a la pérdida de Cuba (1898), que pondrá la lápida, el epitafio y la corona al régimen del 78. Y en aquel momento se abrirá una nueva ventana de oportunidad para el independentismo catalán.
