Con motivo del Día Internacional de la Danza, que se celebra cada 29 de abril, la Escuela Esther Bosch recuerda que la danza no solo es arte y expresión: es también una herramienta única para entrenar la autoestima y la confianza en un entorno seguro y creativo.

Desde hace más de 15 años, la Escuela Esther Bosch acompaña a niñas, jóvenes y adultos en un proceso de formación que combina disciplina artística, crecimiento personal y sentido de comunidad. Con tres sedes en Sarrià, Sant Cugat y Bonanova, la escuela ofrece a más de 1.400 alumnos anuales la posibilidad de descubrir una danza que enseña mucho más que pasos y coreografías.

Hay un momento concreto en una clase que lo dice todo: cuando una niña deja de mirarse al espejo buscando la perfección y empieza a moverse sin miedo a equivocarse. Este momento no se explica: se entrena.

“La autoestima no se genera a través del discurso, sino a través de la repetición, el esfuerzo y la superación de pequeñas dificultades”, explica Esther Bosch, fundadora y directora de la escuela. “Y es precisamente aquí donde la danza adquiere un papel diferencial: repetir una secuencia hasta que sale, sostener la frustración cuando no sale, exponerse ante otras personas, equivocarse y volverlo a intentar. No hay atajos, y precisamente por eso funciona.”

Escuela Esther Bosch

La danza, un entorno seguro

En un contexto en que a menudo se intenta evitar la frustración, la danza ofrece un entorno seguro donde aprender a confiar en uno mismo. Tanto las coreografías como la confianza requieren repetición, corrección, constancia y tiempo, y la escuela lo acompaña paso a paso.

La Escuela Esther Bosch ofrece clases para todas las edades y niveles, con disciplinas como jazz (su sello distintivo), lírico, comercial, sevillanas, ballet fit, pilates, yoga y entrenamiento funcional. Entre las propuestas más destacadas están el formato Videoclip, y los Summer Camps en la Val d’Aran, donde danza y naturaleza se combinan en experiencias transformadoras.

Escuela Esther Bosch

Además, el 2015 la escuela amplió su universo con EBB Wear, una línea de ropa de danza que apuesta por la comodidad, la identidad y el diseño urbano, rompiendo con los códigos clásicos de la moda de baile.

“Quizás el Día Internacional de la Danza es también una oportunidad para mirar más allá del escenario y entender el verdadero valor educativo de la danza: la autoestima no se transmite. Se entrena. Igual que una coreografía”, concluye Esther Bosch.