Cargando...

Hay obras que nacen de un gesto íntimo y acaban abriendo preguntas colectivas. Per amor (un pacte d’honor), escrita y dirigida por Eu Manzanares a partir de una idea original e interpretada por Laura Riera y Nicolás Fuentes, parte de un caso aparentemente sencillo: una mujer de Barcelona y un hombre chileno deciden casarse para ayudarlo a regularizar su situación administrativa. Un matrimonio sobre el papel, pero sostenido por una amistad real.

Lo que podría quedarse en una anécdota o en un relato de supervivencia migratoria se transforma en una reflexión más amplia sobre los vínculos. ¿Qué pasa cuando una amistad asume funciones que socialmente reservamos a la pareja o a la familia? ¿Dónde se ubica el compromiso cuando no hay amor romántico pero sí una responsabilidad compartida? ¿Y qué sucede cuando este pacto empieza a tambalearse? "La pregunta no era si era lícito casarse por papeles, sino qué estamos dispuestas a hacer por amistad", explica Eu Manzanares en conversación con ElNacional.cat. Esta idea atraviesa toda la pieza y marca su tono: no se trata tanto de juzgar la decisión de los personajes como de entender qué mecanismos sociales hacen posible —o imposible— este tipo de relaciones.

Sergi Panizo

Vínculos bajo presión

A medida que avanza la obra, el matrimonio entre Sandra y Mateo se revela menos como un acuerdo burocrático y más como un espacio emocional complejo. Lo que había nacido como un pacto de honor entre amigos se ve sometido a tensiones, silencios y expectativas no dichas. La relación se mueve en una zona incómoda donde la solidaridad y la deuda emocional se confunden.

"Nuestras vidas están atravesadas por la burocracia, también las relaciones", apunta la dramaturga. La pieza amplía así el foco más allá del caso concreto y conecta con una realidad cotidiana: permisos, requisitos administrativos, certificados o criterios institucionales que acaban determinando también la manera como nos relacionamos.

Amor, amistad y jerarquías sociales

Uno de los aciertos de la propuesta es evitar cualquier lectura simplista. No hay héroes ni culpables. Los personajes se mueven en una ambigüedad constante, con decisiones que nacen de la buena fe, pero que también generan consecuencias imprevistas. Esta zona gris es precisamente lo que hace que la historia resulte cercana. La obra también pone sobre la mesa una idea incómoda: no todas las formas de amor tienen el mismo reconocimiento social o institucional. "Los permisos por cuidados o por duelo no existen para los amigos", recuerda Manzanares, poniendo en evidencia una jerarquía afectiva que a menudo pasa desapercibida, pero que condiciona la vida cotidiana.

Una pieza viva y con ritmo

Más allá del debate conceptual, Per amor (un pacte d’honor) funciona también desde el punto de vista escénico. Hay humor, ironía y giros que mantienen la atención y evitan que la pieza caiga en el discurso. La combinación entre momentos cómicos y situaciones más incómodas da dinamismo a la propuesta y la hace accesible sin simplificarla. La Sala Flyhard, con su espacio reducido y la proximidad extrema con los intérpretes, refuerza esta experiencia. No hay distancia posible: el público comparte literalmente el espacio con los personajes, y esto intensifica cada decisión, cada silencio y cada conflicto.

Un pacto que interpela

Per amor (un pacte d’honor) no pretende dar respuestas cerradas. Prefiere abrir preguntas sobre qué estamos dispuestos a hacer por las personas que amamos y hasta dónde llegan los límites de la amistad cuando entra en juego la supervivencia. El resultado es una pieza ágil, inteligente y emocionalmente honesta que combina entretenimiento y reflexión sin perder equilibrio. Una obra que, más allá de su punto de partida, acaba hablando de todos aquellos vínculos que el sistema no siempre sabe reconocer, pero que sostienen una parte esencial de nuestras vidas.