Un rápido repaso a los resultados electorales que ha tenido históricamente el Partido Popular en Catalunya pone de manifiesto, al menos, tres cosas: en primer lugar, sus mejores resultados siempre han sido discretos, cuando no malos. Los últimos en Catalunya, los de 2024, que en la secuencia histórica fueron de los mejores, se quedaron en 15 diputados, bastante menos de la mitad de los de Junts per Catalunya y algo más de un tercio de los alcanzados por el PSC. En segundo lugar, su incapacidad por conectar con el espacio central del país que puede suscribir sus medidas económicas, pero le sale horticaria cuando le oye hablar de temas de lengua, cultura, medios públicos e, incluso, de materia social. Finalmente, están sus dificultades para relacionarse con el mundo asociativo catalán, desde Foment a la Pimec o desde la Fira y el Cercle d'Economia al Futbol Club Barcelona.
Con esta mochila a cuestas, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha venido este sábado a clausurar el congreso exprés del partido en Catalunya, el XVI, después de varios aplazamientos y de que el anterior datara de noviembre de 2018. Casi ocho años sin celebrar ningún congreso es una eternidad y no es fruto de ningún descuido. Obedece al deseo inicial de Feijóo de proceder a un cambio en Catalunya cuando llegó a la presidencia en abril de 2022. Pero Alejandro Fernández, lejos de escuchar los cantos de sirena, se blindó con la dirección del partido en Catalunya y la militancia del partido lo apoyó. El único que hubiera podido desplazarlo, el alcalde de Badalona Xavier García Albiol, se puso desde el primer momento de perfil alegando que esa etapa había pasado para él.
El congreso ha servido para que Feijóo realice varios guiños a Puigdemont, el más claro de todos llamando a dejar atrás el procés
Feijóo, es obvio que ha cedido y mantiene un candidato duro con el independentismo al frente del partido. Fernández tiene su propio discurso en Catalunya, más cercano a Ayuso o a Aznar y desde luego muy alejado de los tiempos de Josep Piqué, la única apuesta moderadamente catalanista que ha hecho el partido en Catalunya a lo largo de casi cinco décadas. Pero también en las antípodas de Albiol, que ha apoyado medidas para fomentar el uso del catalán y ha reconocido un retroceso en el uso de la lengua debido a políticas lingüísticas equivocadas. Albiol ha hecho de Badalona un inusual feudo del PP donde logró en 2023 el 55,73% de los votos, captando votos de todo el arco parlamentario. Eso, un partido que solo tiene cinco alcaldías en Catalunya.
El congreso ha servido para que Feijóo realice varios guiños a Puigdemont, el más claro de todos llamando a dejar atrás el procés, argumentando que el PP, como la mayoría de los catalanes, también quería pasar página. Eso, con el president exiliado en Bélgica desde 2017 y su oposición radical a la ley de amnistía, tiene mucho de brindis al sol. En cualquier caso, como dice el refrán: "Obras son amores, que no buenas razones". Veremos si el 16 de julio, con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y si su decisión está en línea con la del abogado general, realmente el PP demuestra que ha pasado página y pide el retorno del president Puigdemont.