El desayuno y la merienda concentran una de las decisiones más repetidas en millones de hogares al elegir la bebida que marcará el ritmo del día. Café o matcha. Dos opciones cada vez más presentes, dos formas muy distintas de activar el organismo y dos perfiles de consumo que no responden a la misma lógica. La elección no es solo cuestión de gusto, sino también de como cada cuerpo procesa la cafeína y la estimulación.

Durante años, el café ha sido el rey indiscutible de las mañanas. Su efecto rápido y su intensidad sensorial lo convierten en la elección natural para quienes buscan despejarse con inmediatez y despojarse de la somnolencia. Sin embargo, el auge del matcha ha introducido una alternativa que responde a otro tipo de demanda que busca energía más estable y menor impacto nervioso.

Café para activación inmediata y efecto corto

El café destaca por su capacidad de producir un aumento rápido del estado de alerta. Su concentración de cafeína, habitualmente elevada, genera una estimulación intensa del sistema nervioso central. Este aspecto resulta especialmente útil en momentos donde se necesita una reacción rápida, como primeras horas del día o jornadas especialmente exigentes.

Taza de café / Foto: Unsplash

No obstante, el impulso energético del café suele tener una duración más limitada. El conocido pico y bajón forma parte de su patrón habitual en muchos consumidores. Además, en personas sensibles, puede provocar nerviosismo, aceleración o molestias gástricas, un factor que condiciona su tolerancia individual.

Matcha por una liberación sostenida y menor impacto

El matcha presenta una dinámica diferente. Aunque también contiene cafeína, su combinación natural con L-teanina modifica la forma en que el organismo percibe la estimulación. El resultado es una liberación más progresiva, sin picos bruscos y con una sensación de energía más estable a lo largo del tiempo.

Este funcionamiento explica por qué muchos consumidores lo asocian con concentración prolongada y menor sensación de agitación. Además, su elevada carga de antioxidantes lo ha convertido en una bebida especialmente atractiva para quienes priorizan variables de bienestar y digestión suave.

Así pues, la decisión entre café y matcha, en la práctica, depende del objetivo buscado. Quien necesite activación inmediata probablemente se incline por el café. Quien prefiera estabilidad y menor impacto nervioso tenderá hacia el matcha. No existe una opción universalmente superior, sino respuestas distintas a necesidades distintas.