La celebración a lo largo de 2025 del centenario del Metro de Barcelona ha ofrecido a la ciudadanía la posibilidad de visitar, aunque de manera muy restringida, algunos de los espacios ocultos de la red subterránea, pero si hay un lugar que realmente ha sido la estrella de esas visitas, este es el de la estación fantasma de Correus, una parada fuera de uso desde 1972 a la que se pudo acceder por primera vez en más de medio siglo, para ofrecer al visitante una cápsula del tiempo, un espacio congelado hace más de cincuenta años. Como en ElNacional.cat pudimos entrar, en este vídeo os explicamos este viaje fascinante.

 

La estación de Correus se encuentra unos doscientos metros más abajo de Jaume I y quedó fuera de uso en 1972, cuando se prolongó la línea hacia la Barceloneta. Dado que las estaciones quedaban demasiado cercanas, se suprimió la del medio, la de Correus. Inicialmente, Correus era una estación que hacía la función de cola de maniobras al final de la línea, y por eso solo tenía una vía y dos andenes, el principal, para los pasajeros, y uno secundario, más estrecho, que servía para que el motorista -el conductor del Metro-, cambiara de vagón para volver a iniciar el servicio. El prolongamiento de la L4 arrasó el andén principal de la estación, pero dejó casi intacto el andén de servicio, que ha quedado congelado en el tiempo. 

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Además, Correus es el paradigma de estación fantasma de Barcelona, ya que combina la instalación fuera de uso con la dificultad de acceso, a diferencia de Gaudí, donde el acceso es mucho más sencillo bajando por una boca de Metro normal y corriente. Por eso mismo, entrar a Correus es un viaje fascinante, porque hay que acceder desde el andén de Jaume I y bajar a las vías, y esto se tiene que hacer de madrugada, una vez acabado el servicio regular. Una vez bajamos a las vías, que ya es toda una situación inédita, hay que caminar unos doscientos metros por un tramo de túnel, una segunda experiencia difícil de repetir. 

¡Visto y no visto!

Tras este corto paseo aparecen los restos del andén, las baldosas de color azul, rótulos rojos con la palabra Correos y carteles publicitarios de hace algo más de cincuenta años. Todo ello se ha limpiado y protegido para ofrecer durante el año pasado unas visitas que, con todo, fueron superrestringidas y sin previsión de ofrecer más en un futuro, ya que abrir Correus implica suspender las tareas de mantenimiento nocturnas y abrir, aunque sea parcialmente, la estación de Jaume I. 

Por eso mismo, si no habéis podido visitar la estación, disfrutad al menos de las imágenes, que es el propósito del ¡Visto y no visto!, una selección de vídeos para mostraros espacios cerrados, en construcción, zonas de obras u otros lugares habitualmente no accesibles para el gran público. ¡Ah!, y siempre queda la opción de intentar verla desde un vagón de Metro, entre Jaume I y Barceloneta, pero la visión es fugaz y ¡sin garantías de ver a ningún fantasma!