Basta con dar un paseo por las zonas más turísticas de Barcelona para constatar que el turismo masivo ha vuelto a una cierta normalidad aunque ahora se viva en un contexto postpandémico y la mascarilla todavía siga presente en las calles. Y volver a la normalidad quiere decir volver a la masificación, especialmente constatable en cualquier espacio estrecho de Ciutat Vella, donde el ir y venir de los grupos turísticos a menudo congestiona calles y plazas, con lugares como Sant Felip Neri como ejemplo claro de exceso de aforo. Por eso, después del paréntesis -para algunos, descanso- obligado por la pandemia de la Covid-19, hay que volver a poner sobre la mesa la necesidad de encontrado un modelo turístico sostenible para Barcelona.

El reto no es nada fácil, ya que hace falta tener en cuenta que hay muchos intereses no siempre coincidentes, aunque el objetivo final, el de garantizar la sostenibilidad de un turismo que cohabite con los barceloneses sin generar molestias, pueda ser compartido por actores tan diversos como los empresarios hoteleros, comerciantes, restauradores, guías turísticos habilitados, asociaciones vecinales y, también, el mismo Ayuntamiento de Barcelona. Un sondeo en los diferentes sectores vierte diferentes puntos de vista en aspectos como la gestión turística, la necesidad de recalificar el tipo de turismo que recibe la ciudad, las medidas que hay que aplicar para garantizar la seguridad y como se puede mejorar la relación con los vecinos.

¿Se puede hablar de normalidad turística?

De entrada hay que preguntarse si realmente se puede considerar la situación generada en los últimos meses de retorno del turismo, especialmente vivida por Semana Santa y con perspectivas de crecimiento de cara al verano, como un retorno a la normalidad, entendida esta como la situación anterior a la pandemia, teniendo presente que, en esta comparación, el concepto de 'normalidad' no sólo quiere decir el retorno del turismo, sino también de los problemas que este comportaba en aspectos como la masificación y aglomeraciones, la proliferación de pisos turísticos y bicitaxis, la inseguridad o el aumento expansivo del ruido, especialmente de madrugada, generando molestias entre los vecinos.

Los bicitaxis han vuelto con 'normalidad' al centro de Barcelona, tanto en aquellos lugares donde tienen permitido circular como en sitios que les están prohibidos / Foto: Sergi Alcàzar
Uno de los aspectos de la nueva normalidad del turismo postpandemia es la drástica reducción del turismo asiático. Con todo, estos días ya ha podido verse algún grupo en torno a la Sagrada Familia / Foto: Sergi Alcàzar
La plaza Reial es un punto de conflicto entre restauradores y vecinos que durante el tiempo que duraron las restricciones por la Covid recuperó un espíritu más ciudadano que turístico / Foto: Sergi Alcàzar

"Si por normalidad lo que queremos decir es que hemos dejado atrás los dos años de restricciones y la realidad turística ha vuelto a tener recorrido, pues sí, pero pido que evitemos las comparaciones lineales con el año 2019", señala en declaraciones a elNacional.cat el concejal de Turisme del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marcé, que en un primer diagnóstico de este retorno del turismo señala un dato compartido por otros actores: "No tenemos turismo ruso, ni asiático, ni una parte del turismo americano". Hay que tener en cuenta que la ausencia de turismo ruso ha sido provocada por la invasión de Ucrania, mientras que el asiático y el norteamericano tiene que ver todavía con las restricciones por la pandemia.

De hecho, esta ausencia la tienen bien presente en la patronal Foment del Treball. Como indica a este medio Guillermo Vallet, presidente de la Comisión de Turismo de Foment, el turismo ruso "era un cliente muy de hoteles de cinco estrellas, y ahora nos está viniendo un turismo más de proximidad, de Europa principalmente", aunque poco a poco se empieza a notar una recuperación del turista norteamericano. A pesar de esta recuperación, desde el Gremi d'Hotels de Barcelona señalan que hay un 9% de establecimientos hoteleros que todavía no ha abierto. "No es la misma normalidad", apunta Manel Casals, director general del Gremi d'Hotels.

¿Turistas o vecinos, quién va primero?

En todo caso, lo que es constatable es que Barcelona vuelve a estar llena de turistas y eso genera una cuestión en la que los vecinos tienen mucho que decir: como combinar la presencia de visitantes con el día a día de los ciudadanos. Pere Mariné, vocal de la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) recuerda que desde su entidad, "hace años que decimos que la masificación turística es un problema grave, y la dependencia excesiva también". A pesar de señalar que "el turismo es una actividad interesante para Barcelona", considera que "en los espacios públicos hay que gestionar las visitas, tener control sobre los guías, las agencias y los autocares".

Uno de los principales problemas que genera el turismo, cuando menos desde la perspectiva de los vecinos, es la masificación en los espacios más icónicos, como en torno a la Sagrada Familia / Sergi Alcàzar
El Barrio Gòtic es el lugar de la Barcelona con más densidad de turistas, una situación que, añadida a la estrechez de la mayoría de sus calles y plazas, comporta necesariamente aglomeraciones. Ordenar los grupos de visitantes es una necesidad del modelo turístico / Foto: Sergi Alcàzar
Paella y sangría en una terraza de la Rambla, el tópico de los tópicos vinculado a un turismo que no responde necesariamente a los objetivos del sector, que intenta atraer visitantes con inquietudes de otro tipo / Foto: Sergi Alcàzar

En este aspecto, los guías oficiales también tienen sus quejas, como apunta Macarena Bergada, presidenta de la Asociación de Guies Habilitats per la Generalitat de Catalunya per un Turisme Responsable i de Qualitat (Aguicat), con el retorno del turismo "los problemas han vuelto y agravados", y culpa directamente el Ayuntamiento de Barcelona de causar la masificación con su política de reducción de espacios donde encochar y desencochar visitantes: "Los autocares turísticos no pueden parar en cualquier sitio, sólo en las zonas habilitadas", afirma, para añadir que por buena parte de Ciutat Vella y el Eixample sólo hay una parada posible, Correos.

"Quieras donde quieras ir, incluso a la Pedrera, tienes que bajar en Correos", asegura Bergada, que considera que esta medida incrementa la presencia de turistas en Ciutat Vella y, además, "discrimina a las personas mayores", que se ve obligados a hacer largos desplazamientos a pie. Por su parte, Gabriel Jené, vicepresidente de Barcelona Futur, apunta que una solución a la masificación es la utilización de la 'big data', con la cual se puede tener "información de los accesos de los turistas en determinados lugares y en determinadas horas", una herramienta que puede servir para "gestionar y regular" la masificación.

Barcelona, ¿la mejor ciudad del mundo?

Es bueno recordar que a finales de abril, la sección de viajes del diario británico 'The Telegraph' concluyó que la capital de Catalunya es la "mejor ciudad del mundo" y, por eso mismo, un lugar de gran afluencia de turistas. En este sentido, Ángel Díaz, miembro de la Sectorial PIMEC Turisme, apunta que "nuestra gran suerte y al mismo tiempo problema es que Barcelona es una de las ciudades más deseadas del mundo y eso quiere decir que hay mucha motivación de visita". Por eso, apunta que uno de los retos de la gestión del turismo es "reducir su estacionalidad".

De hecho, tal como apuntaba el primer teniente de alcaldía, Jaume Collboni, en un acto reciente de promoción del turismo científico, la gestión municipal pasa por "descentralizar, desestacionalizar y diversificar el turismo". En este sentido, el concejal Marsé sostiene que hay que conseguir a un turista "que no sea vacacional y que sea de más calidad" y por eso defiende la necesidad de subir los precios de los hoteles. Este aspecto sin embargo, genera controversia. Mientras el Gremi d'Hotels se muestra favorable, porque "el precio de los hoteles define el valor del turismo", desde la FAVB se muestran en desacuerdo porque sería "un filtro elitista". "Tendría que haber más hoteles de dos y tres estrellas y no tantos de cuatro o cinco, eso serviría para reajustar la oferta", apunta Mariné.

La estatua de Colom en el Portal de la Pau, testimonio mudo de la vuelta de un turismo masivo que tanto el sector como el ayuntamiento quieren que sea sostenible, desestacionalizado y descentralizado / Foto: Sergi Alcàzar
No se puede pasar por alto que el retorno masivo del turismo comporta también el retorno de la venta ambulante incontrolada, otro problema pendiente de resolver ante la aparente vista gorda del consistorio / Foto: Sergi Alcàzar
Aunque el problema más grave asociado al retorno del turismo es el de la inseguridad, que busca en el visitante extranjero a una víctima fácil, los vendedores del top manta también comportan problemas, en especial con respecto a la ocupación del espacio público / Foto: Sergi Alcàzar

Por su parte, desde la entidad de empresarios Barcelona Futur sorprende la propuesta cuándo "Barcelona tuvo la oportunidad de tener un Four Seasons", que finalmente escogió Madrid. "Si un hotel de esta magnitud se instala aquí, haces subir los precios y das más valor añadido, y buenos hoteles, buenas tiendas y buenos restaurantes tiran hacia arriba y evitan la masificación", afirma Jené. Desde Pimec apuntan que lo que hace falta es dedicar los recursos "a conseguir que venga la gente que queremos que venga", y eso implica, más allá del poder adquisitivo, buscar a aquel turista "que está dispuesto a valorarnos por lo que somos, nuestra cultura, nuestro estilo de vida, gastronomía y tradiciones".

La seguridad, la asignatura pendiente

En todo caso, uno de los problemas que ha acompañado el retorno del turismo es el de los robos. Sin ir más lejos, los últimos días en Barcelona ha habido sucesos como el asalto y robo de un reloj valorado en 150.000 euros en el barrio de Santa Caterina o la confusa agresión a un guardia urbano de paisano por tres turistas que lo habrían confundido con un ladrón en la Barceloneta. Todos los sectores son conscientes de este problema, porque como indica Guillermo Vallet (Foment), "los ladrones buscan facilidades". "Lo que tendrían que hacer las administraciones es legislar en este sentido, porque no puede ser que haya gente pillada 50 o 60 veces, y estén en la calle", añade, para afirmar que "los ladrones tienen que saber que en Barcelona no lo tendrán fácil".

Por su parte, Ángel Díaz (Pimec), "la seguridad es uno de los retos", y por eso recuerda que hace un tiempo "se consiguió que Ciutat Vella fuera un entorno seguro pero hoy en día no lo es". De hecho, todos los sectores coinciden en que hay que hacer muchos más esfuerzos en seguridad, aunque el posicionamiento del ayuntamiento, expresado en anteriores ocasiones por el concejal de Seguridad, Albert Batlle, es abogar por cambios legislativos, fuera del alcance municipal, que eviten la multirreincidencia. Además, en el capítulo de irregularidades hay que incluir también la presencia de las viviendas de uso turístico (HUTs) ilegales, cada vez más restringido, y la competencia desleal de guías no acreditados.

Un grupo de turistas en una calle del Barri Gòtic disfrutando de la arquitectura pero al mismo tiempo, quizás sin pretenderlo, ocupando casi toda la anchura de la calle / Foto: Sergi Alcàzar
Los grupos de turistas y las maletas arriba y abajo se han convertido en una estampa habitual del centro de Barcelona desde la pasada Semana Santa y se espera que aumente durante el próximo verano / Foto: Sergi Alcàzar
Un bicitaxi pasa por delante de un banco donde descansan unas turistas. El mobiliario urbano también tiene que prever el aumento de población flotante en la ciudad de Barcelona, y los bicitaxis se tienen que ceñir a los itinerarios establecidos / Foto: Sergi Alcàzar

En esta última cuestión, quien tiene mucho que decir es Macarena Bergada (Aguicat), ya que los guías acreditados se ven directamente afectados por la presencia de los autodenominados Free Tours, guías que se promocionan como gratuitos, "porque la trampa es que lo venden como una actividad gratuita, pero después invitan a los asistentes a dar una propina, y eso es competencia completamente desleal porque los guías pagamos impuestos". En más, considera que los Free Tours no son interlocutores válidos porque las asociaciones de guías oficiales "tienen códigos de buenas conductas" que los que van por libre no tienen, ni tampoco formación.

En conclusión, ¿qué modelo turístico necesita Barcelona?

Hecha la radiografía de la situación, llega la hora de preguntar qué modelo turístico necesita Barcelona. En este sentido, y a pesar de las diferencias en la diagnosis, un concepto es coincidente, el de la "sostenibilidad". Para el concejal de Turisme, Xavier Marcé, el que hace falta es "un turista basado en tres o cuatro grandes criterios, que no sea vacacional, de hecho no lo es, la media es de tres noches; en segundo lugar, que sea de más calidad y en eso, hace falta que los precios de los hoteles suban; también más digitalizado en los espacios más icónicos, donde comprar entrada anticipada, y un turismo con intereses que traigan valores añadidos, de negocio y más comprometidos ecológicamente".

Para Pere Mariné (FAVB), la apuesta tiene que ser por "un modelo con decrecimiento de visitantes, pero si cada vez ofertas más plazas de hotel vaso en dirección contraria; el PEUAT [Plan Especial Urbanístico de alojamientos turísticos] fue un primer paso, que no ha sido efectivo, ya que han aumentado el número de plazas". "Hay que controlar la oferta -añade Mariné- y por eso estamos en contra de la ampliación del aeropuerto, pero además hay que gestionar mejor las visitas, los guías, las agencias, y conseguir descentralizar, para oxigenar los espacios más congestionados". "Barcelona tiene que poder acoger un turismo sostenible", concluye a este representante vecinal.

A su vez, Manel Casals (Gremi d'Hotels) es muy crítico con la "mala gestión" del ayuntamiento, con ejemplos como el PEUAT o el debate sobre la concentración turística, "que se ha gestionado mal". Para el empresario hotelero lo que hace falta es no pronunciar "discursos políticos y asegurarnos de que nos hace falta un turismo de calidad". "Nosotros cobramos de dar de dormir a la gente -recuerda-, y por eso somos los primeros interesados que el que viene de fuera duerma bien". Por eso recuerda que buena parte del turismo que visita Barcelona "no duerme en la ciudad, y eso es lo que los políticos son incapaces de gestionar".

Guillermo Vallet (Foment), considera que ya hay un modelo consensuado de "turismo de cultura y valor añadido, con nuevos polos de atracción turística, más zonas para repartir el turismo, que se abra más allá de Barcelona" y para hacer eso apunta que, primero de todo, "basta ya de utilizar el turismo como una herramienta política", y para continuar, hacen falta "políticas de inversión en nuevos polos turísticos", entre los cuales estaría la montaña de Montjuïc, "que puede pivotar entre la cultura y el deporte, como montaña verde y sostenible". Como conclusión, Vallet apunta que hay que evitar caer "en el debate destructivo y la turismofobia, porque a todos nos interesa que vaya bien y que no haya molestias".

El Port Vell es un espacio donde es fácil encontrar aglomeraciones de gente disfrutando del sol, las vistas y la misma presencia del mar / Foto: Sergi Alcàzar
La Sagrada Familia, parada habitual del Bus Turístic y escenario de las principales aglomeraciones de turistas. Se calcula que por cada visitante que entra en la basílica, hay tres que la miran y fotografían desde fuera / Foto: Sergi Alcàzar
La plaza Reial es otro de los puntos donde se concentran los turistas como gran espacio en el corazón del Barri Gòtic. Vecinos y restauradores no acaban de ponerse de acuerdo en los usos de la plaza / Foto: Sergi Alcàzar

Por su parte, Ángel Díaz (Pimec), considera que el reto es consolidar un "modelo de turismo de gestión sostenible, donde venga a Barcelona la gente que queremos que venga, pero eso pide un esfuerzo de constancia, planes claros y tiempo." Además, reivindica que Barcelona tiene "grandes infraestructuras médicas, escuelas de negocio, espacios deportivos, y por eso se pueden identificar muchos motivos de visitas, y lo que tenemos que hacer es trabajar para atraer esta gente". "Hay que gestionar la realidad, que es que Barcelona es un destino de éxito, y tenemos la suerte de tener atributos como el clima y una marca consolidada," añade, para concluir que lo que hay que hacer es "identificar las prácticas ilegales y no permitirlas".

Gabriel Jené (Barcelona Futur) apunta como ejes básicos del modelo turístico barcelonés "la desestacionalización y el esponjamiento" y recuerda que Barcelona "no es una ciudad turística de sol y playa, sino vinculada a muchos otros motivos: culturales, deportivos, congresos, tecnología, biomedicina...". Y por eso considera que si se produce masificación es por la "polaridad que tiene Barcelona con respecto a otras zonas como el Maresme o la Costa Daurada, que son destinos de sol y playa, pero toman Barcelona como punto de visita", pero hay que tener presente que "la atracción de la ciudad va más allá de la vinculación del turismo de masas y hay que atraer gente todo el año". Y como ejemplo, el Mobile World Congress: "Se hace en febrero, hace frío y Barcelona se llena, este es el modelo que tiene que tener la ciudad".

Finalmente, Macarena Bergada (Aguicat), considera que el reto es conseguir "un turismo sostenible, respetuoso con la ciudad y los ciudadanos y de calidad", pero apunta que para conseguir eso lo que hace falta es que "los servicios que ofrece Barcelona sean de calidad, porque según la oferta tendremos un público u otro". Por eso reivindica la necesidad de trabajar en aspectos como la "formación continuada y las buenas prácticas" y apunta que si el ayuntamiento opta por "promocionar otras zonas y descongestionar las zonas más turísticas, primero hace falta una logística que nos permita llegar". Además, hace una recomendación clara y concreta para mejorar la relación con los vecinos: "Que se haga obligatorio el uso de radioguías" como medida clave para reducir la contaminación acústica.

Un conductor de bicitaxi muestra los encantos turísticos de la ciudad. Todo ello conforma una imagen bien alejada del turismo que busca Barcelona, de calidad y sostenible / Foto: Sergi Alcàzar