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La apertura de ocho tumbas del siglo XIV en el Reial Monestir de Pedralbes ha permitido revelar nuevos detalles sobre la vida y la muerte de la reina Elisenda de Montcada. El monasterio ha presentado este jueves los primeros resultados del proyecto de investigación, restauración y conservación de las sepulturas del periodo fundacional, impulsado coincidiendo con la conmemoración de los 700 años de la institución. Los trabajos han permitido estudiar de manera integral ocho sepulcros medievales y analizar los restos de 25 individuos vinculados al entorno de la reina.

La investigación ha permitido revisar algunas de las atribuciones históricas de las tumbas del monasterio. Los equipos científicos han exhumado y analizado los sepulcros atribuidos a la reina Elisenda, Sobirana d’Olzet, Artau de Foces, Elionor de Pinós, Constança de Cardona, Beatriu de Fenollet, Francesca Saportella y Romià de Sarrià, así como una tumba descubierta bajo el pavimento de la Capella de la Feina. Algunos de los resultados han sorprendido a los investigadores. Es el caso del sepulcro atribuido a Artau de Foces, donde no se ha localizado a ningún hombre, sino los restos de dos mujeres y tres infantes.

Los hallazgos en la tumba de la reina

El estudio de la tumba de la reina Elisenda ha aportado algunas de las conclusiones más destacadas de la investigación. Los restos atribuidos a la última mujer de Jaume II se han localizado dentro de una caja de madera de época medieval, acompañadas de fragmentos textiles que apuntan a un enterramiento sobrio, probablemente relacionado con el hábito monástico. Los análisis genéticos han confirmado que se trata de una mujer de unos 70 años que padecía diversas patologías asociadas al envejecimiento, entre ellas una hiperostosis esquelética idiopática difusa (DISH), una enfermedad que provoca la osificación progresiva de los ligamentos de la columna vertebral hasta limitar gravemente su movilidad. 


Los investigadores también han podido avanzar en la confirmación de los vínculos familiares de la reina con Constança de Cardona y Beatriu de Pinós, de quien sería prima. Las tres mujeres compartían una constitución robusta y una altura de entre 1,61 y 1,66 metros, notablemente superior a la media femenina de la época, situada alrededor de los 1,53 metros.

Reaperturas posteriores del sepulcro

La investigación también ha dejado descubrimientos en la tumba atribuida a Francesca Saportella, en la que los investigadores han identificado restos correspondientes a al menos nueve individuos de cronologías diferentes, aunque ninguno de ellos correspondería a la misma abadesa. Entre los hallazgos más singulares hay seis cráneos masculinos con lesiones compatibles con armas blancas, un elemento que apunta a posibles episodios de guerra.