Frenar el absentismo y que no paguen justos por pecadores

- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 13 de julio de 2026. 05:30
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El absentismo se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los empresarios catalanes y españoles. Da igual el sector, si es empresa pública o privada, grande o pequeña... Las cifras son inasumibles y urge que se ponga remedio. Pero las soluciones —que deben ser diversas porque se deben atacar diferentes frentes— no pueden hacer que paguen justos por pecadores.
Esto es lo que propuso la semana pasada Alberto Núñez Feijóo. El presidente del PP se metió en un jardín y propuso que el trabajador que esté de baja cobre mucho menos en el tiempo en que esté sin trabajar. El gallego se pasó de frenada y los populares lo tuvieron que matizar. Prácticamente nadie, ni las patronales, salieron a defenderlo.
El gran error de Feijóo fue generalizar, señalar a toda la gente de baja como fraudulenta, considerar cualquier causa como un capricho para no ir al trabajo. Y, también, hacer pagar justos por pecadores, porque por el hecho de que haya personas que cojan bajas no justificadas, no tiene que salir todo el mundo perjudicado. Porque sí, todo el mundo puede tener una gripe o enfermedades más graves que le impidan trabajar unos días, unas semanas o incluso unos meses.
El error político es grave, porque, jugándose la presidencia del gobierno español a un año vista, con esta propuesta se pone en contra a mucha gente. Pero no es solo un tiro en el pie, sino también un flaco favor a la causa de combatir el absentismo, porque ha ridiculizado las soluciones y ha dado alas a los que niegan el fenómeno o culpan solo a las empresas. La ministra de Sanidad, Mónica García, que debería estar 100% implicada en las soluciones, salió a decir que absentismo es "aquello del Ventorro". En definitiva, ha distraído el debate de la cuestión de fondo: el absentismo supera el 7,6%, y subiendo.
Se debe aceptar que hay una parte de fraude, pero no asumir que este fraude supone la parte más significativa del absentismo
Para resolver el problema, se debe ir a los orígenes y aceptar también que hay una parte de fraude, pero no asumir que este fraude supone la parte más significativa del absentismo. Y también se debe ver cómo se produce y por qué el sistema lo permite, y cambiar este sistema. Todo ello requiere diálogo social y que los sindicatos y las patronales pongan todas las cartas sobre la mesa, minimizando las ideologías y priorizando la búsqueda de soluciones, como piden los graduados sociales, que han hecho el informe más completo hasta ahora.
Los orígenes son complejos. Los sindicatos señalan las condiciones de trabajo, es decir, las empresas. Los empresarios, en cambio, ven poca resistencia de la gente joven, como verbalizó el líder patronal manchego, cuando los llamó "memos". Otro que se meó fuera del tiesto, y generalizó, pero los datos sí que indican que el absentismo crece mucho entre los jóvenes.
Hay datos que indican que hay cierto cambio de actitud de los trabajadores —no de todos, pero sí que está bastante extendido para que se note— hacia el trabajo, y que son las que hacen desconfiar, y generalizar, a las patronales. Una es que el día que más gente falta al trabajo es los lunes. Otra es que el absentismo crece en épocas de bonanza y baja durante las crisis; es decir, que la gente falta más cuando tiene menos que perder.
Atacar estas causas es muy difícil. Seguramente, pasa por un cambio de modelo productivo hacia sectores y trabajos más cualificados, con salarios más altos, más incentivos y más flexibilidad. Una persona motivada, bien remunerada y con mucho que perder solo faltará al trabajo si realmente no puede trabajar. También hay que tener en cuenta la salud mental. Que las condiciones de trabajo, entendidas como el entorno y el ambiente, sean sanas. Evitar actitudes tóxicas. Y ya no entro en cuestiones de management —tenemos columnistas en ON ECONOMIA que saben mucho más—, porque el liderazgo es clave para la buena salud de una organización. Las empresas tienen que asumir que ha habido un cambio social con respecto al trabajo, que las personas valoran cada vez más cuestiones como la conciliación. Y adaptarse porque no tienen más remedio y porque es imprescindible para captar y retener el talento que tanto reclaman.
Hacen falta más sanitarios y más recursos. Si un médico tiene menos de diez minutos para atender a un paciente, tiene que ir al grano
Pero también hay un fallo en el sistema que hay que abordar: el funcionamiento del sistema de salud. No se puede culpar a nadie en concreto, pero es evidente que es demasiado fácil conseguir la baja sin causa evidente. ¿Cuántas veces hemos oído a compañeros o conocidos diciendo "me he cogido la baja" o "he ido a que me den la baja"? El lenguaje nos traiciona, porque la frase debería ser "el médico me ha dado la baja", pero tenemos tan asumido que es un derecho y que raramente el médico la negará, que lo damos por hecho como una decisión propia y el médico es el sujeto pasivo, un trámite. Necesario, pero un trámite.
A todos nos han explicado, o hemos visto, casos de personas que han hecho esto o aquello con una baja, un fraude evidente que ya encontramos normal. No reproduciré, pero sí que explicaré una historia personal. Hace casi un año me rompí el brazo. Me lo escayolaron en un hospital comarcal y me dijeron que al día siguiente llamara a mi CAP para explicarles lo que me había pasado y que me hicieran el seguimiento. Cuando llamé, tan pronto como dije que me había roto el brazo, la persona que me atendía me cortó y me preguntó: "¿Quieres la baja?". Hasta este punto lo tienen integrado.
No tengo la clave de la solución en la gestión de las bajas. No sé si tienen que entrar las mutuas. Soy un firme defensor de la sanidad pública, pero también creo que, si las mutuas tienen que ayudar, se tiene que explorar esta vía. La principal vía, sin embargo, tiene que ser reforzar los CAP y los hospitales públicos. Más médicos y más recursos. Si un médico tiene menos de diez minutos para atender a cada paciente, tiene que ir al grano, no puede ir más allá, o no puede discutir, porque negar una baja puede comportar también situaciones de tensión. Necesita tiempo y alternativas, una vía para derivar a las personas que considere que puedan estar incurriendo en fraude.
Habría que escuchar más a los que saben, a los que han estudiado el fenómeno, como los graduados sociales, que proponen que se tenga en cuenta la edad de la población activa y de aquellos con más bajas para hacer políticas de prevención; más comunicación entre administraciones, empresas y mutuas, y la baja parcial, para personas que pueden reincorporarse gradualmente al trabajo después de una baja larga. Es evidente que no hay vías rápidas ni soluciones mágicas y drásticas, pero esto no justifica que acaben pagando justos por pecadores.