La vivienda, especialmente la de alquiler, es una de las causas fundamentales de empobrecimiento y de inestabilidad vital para muchos segmentos de la sociedad catalana, fruto del crecimiento de los precios del alquiler del 129,4 % (2000– 2023) y con tres de cada diez inquilinos que destinan el 40 % o más de sus ingresos a la vivienda. De media, en Catalunya un hogar de alquiler necesita 20 años de ahorro para la adquisición de una vivienda de segunda mano. A pesar del crecimiento económico actual, la pobreza y la exclusión social en Catalunya son persistentes y tienen un fuerte sesgo infantil, ya que afectan al 24,8 % de la población (más de 2 millones de personas) y al 36,5 % de los niños, con una incidencia especialmente elevada en hogares monoparentales (47 %), a pesar del efecto protector de prestaciones y servicios sociales.
Las desigualdades educativas están fuertemente condicionadas por el origen social del alumnado y de sus progenitores. A pesar de la expansión sostenida de la escolarización postobligatoria, persiste el abandono educativo prematuro —casi diez veces superior entre jóvenes de familias con bajo nivel educativo— y las desigualdades en el acceso a los estudios universitarios, donde accede el 73,8 % de los jóvenes del quintil más rico, frente al 28 % del quintil más pobre. El mercado laboral catalán vive una etapa de crecimiento y de consolidación de la estabilidad, pero está condicionado por una transformación tecnológica profunda, con una temporalidad del 11,7 % (2025) —en mínimos históricos— y una parcialidad del 19,2 %. A pesar de tener la tasa de paro más baja desde el 2008 (8,2 %), el 11,8 % de las personas ocupadas se encuentran en riesgo de pobreza, mientras que el 28,6 % de los puestos de trabajo presentan un riesgo alto o muy alto de exposición a la inteligencia artificial, con impactos desiguales según sectores y perfiles.
Impacto en la salud
En Catalunya, a pesar de los buenos resultados agregados a nivel de salud persisten desigualdades sociales y territoriales. El código postal condiciona los años de esperanza de vida con diferencias de hasta 2,4 años entre municipios y de más de 11 años entre barrios según renta. La salud mental emerge como reto clave, con un 21,7 % de jóvenes con malestar emocional. La demografía catalana vive un proceso de transformación con un 19,5 % de población de 65 años o más, una fecundidad en mínimos históricos (1,08 hijos por mujer) y más de 320.000 personas mayores viviendo solas, hecho que incrementa la presión sobre salud y cuidados, pero también refleja un aumento de la longevidad y de la esperanza de vida.