La familia Cornadó ha impulsado una reordenación en la cúpula directiva de Copisa con el objetivo de afrontar una nueva etapa organizativa marcada por la adaptación a las nuevas dinámicas del sector. El movimiento se concretará en los próximos días con la salida del actual consejero delegado, Orlando de Porrata-Doria, que pone fin a una vinculación de 27 años con la compañía, los últimos diez de los cuales en la primera línea ejecutiva. El relevo se inscribe en un proceso de redefinición interna que busca reforzar el control estratégico y operativo por parte de la propiedad. La nueva configuración directiva establece una división de responsabilidades en dos grandes áreas, con la voluntad de mejorar la capacidad de gestión y adaptación de la empresa.
Estas áreas quedarán bajo la dirección de perfiles con una trayectoria consolidada dentro del grupo, hecho que apunta a una apuesta por la continuidad del conocimiento interno. Miquel Orra, ingeniero de caminos con más de dos décadas de experiencia en la compañía, asumirá la dirección general, con responsabilidad directa sobre los proyectos y la operativa del negocio principal. En paralelo, José Devesa, hasta ahora director financiero, será nombrado director general corporativo. Desde esta posición, tendrá encomendada la implementación del nuevo plan estratégico, así como la coordinación de la estructura corporativa y de las diferentes divisiones del grupo. Esta redistribución de funciones responde a la voluntad de articular una gestión más transversal y alineada con los objetivos de crecimiento y especialización.
Supervisión directa del consejo
Ambos directivos reportarán directamente al consejo de administración, presidido por Anna Cornadó y con Jordi Cornadó en la vicepresidencia, que refuerzan así su implicación en la toma de decisiones estratégicas. Este esquema consolida un modelo en el que la propiedad asume un papel más activo en la supervisión de la actividad ejecutiva. La reorganización no se limita a la primera línea ejecutiva, sino que se extiende a otros ámbitos de la dirección con el objetivo de fortalecer áreas consideradas estratégicas en el actual entorno de mercado. En este sentido, Josep Bartolí, también con una larga trayectoria en la empresa, asumirá la coordinación de las funciones de contratación, un área clave en un contexto de competencia intensa y de transformación del sector.
Al mismo tiempo, la incorporación de Eduard Eraso responde a la voluntad de reforzar la orientación al cliente y mejorar el posicionamiento competitivo del grupo. Este movimiento se inscribe en una tendencia generalizada dentro del sector de la construcción, donde las empresas buscan diferenciarse mediante la calidad del servicio y la capacidad de adaptación a las necesidades de los clientes. La reestructuración tiene como objetivo consolidar el grupo en ámbitos considerados prioritarios para su desarrollo futuro. Entre estos destaca el campo de las infraestructuras digitales, así como la construcción industrializada, un modelo que ya ha sido aplicado en proyectos vinculados a centros de datos, promociones residenciales, establecimientos hoteleros y equipamientos sanitarios. Además, la empresa busca reforzar su presencia en el segmento de la vivienda social, en un contexto marcado por nuevos marcos de inversión y políticas públicas orientadas a ampliar la oferta residencial. En paralelo, el grupo está desarrollando la marca Copisa Infraestructuras, con la voluntad de dar visibilidad a esta línea de actividad y estructurar mejor su posicionamiento en el mercado.
En términos económicos, la actividad constructora de Copisa registró una facturación de 205 millones de euros durante el ejercicio 2024, el último con datos disponibles, con un resultado positivo de nueve millones. Estas cifras reflejan una situación de estabilidad en un entorno sectorial condicionado por factores como la evolución de los costes y la disponibilidad de proyectos. La compañía, con sede en Hospitalet de Llobregat, cuenta actualmente con una cartera de pedidos valorada en 800 millones de euros, lo que le proporciona visibilidad sobre la actividad futura a medio plazo. Con 65 años de historia, el grupo está controlado íntegramente por Auró Infrastructures Group, sociedad propiedad de la familia Cornadó, que mantiene así el control accionarial y la dirección estratégica de la empresa.
