El grupo siderúrgico catalán Celsa celebrará una junta general anual, el próximo 29 de junio, en la que se votará la ampliación del consejo de administración a diez miembros, mediante la incorporación de dos especialistas del sector financiero que actuarán como consejeros independientes.
Con el objeto de “reforzar el perfil del consejo”, la compañía que preside Rafael Villaseca indica que prevén incorporar como consejeros a Enrique Casanueva y Claudio Aguirre. El primero es consejero de BBVA y ha acumulado experiencia en J.P.Morgan y Goldman Sachs. En su currículo consta que es ingeniero Industrial y MBA por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Por su parte, Claudio Aguirre es presidente y socio cofundador de Altamar CAM Partners, con experiencia y responsabilidades ejecutivas a nivel internacional en Merrill Lynch y Goldman Sachs. Es economista, MBA por IE, y AMP Graduate Harvard Business School.
Con estas dos incorporaciones, el consejo de Celsa Steel pasará a estar formado por diez miembros: Rafael Villaseca (presidente) Jordi Cazorla (CEO), Hilario Albarracín, Antonius Deelen, Daniel Escondrillas, Elena Guede, Juan José Nieto y Mario Longhi. Sus principales accionistas son el fondo estadounidense SVP (38%) y el británico Attestor (37%).
Dos años y medio después de que la justicia dictara sentencia y otorgara la propiedad de Celsa a un grupo de fondos de inversión, la compañía ha vuelto a los beneficios: ganó 18 millones de euros en el primer trimestre del año, cifra que contrasta con las pérdidas de 13 millones del mismo período de 2025. El ebitda pasó de 117 a 135 millones, y se ha incrementado en un 70% en dos años, mientras que la deuda se ha reducido a la mitad en un año.
Esta siderúrgica explica el retorno a los beneficios principalmente con dos factores: la mejora de las ventas gracias a la recuperación de la demanda y también de las inversiones de la empresa, y el plan de eficiencias que puso en marcha hace dos años y que le ha reportado ya una mejora acumulada del ebitda de 133 millones de euros en el primer trimestre del año, muy por encima de lo previsto inicialmente.
Además, Celsa ha realizado desinversiones y ha recortado y reestructurado su deuda, lo que ha reducido sus costes financieros. El entorno geopolítico no le afecta, ya que sus compras en la región afectada por la guerra de Irán no llegan al 1%, y tienen proveedores alternativos, y las ventas tampoco son importantes. En cuanto a los costes energéticos, sí que notan el encarecimiento del gas, pero el peso del gas en su facturación no llega al 3%, y han podido compensar el sobrecoste con eficiencias.
En 2025, Celsa todavía tuvo números rojos, aunque con algunas mejoras. La facturación bajó ligeramente, de 3.360 a 3.347 millones de euros, a causa de la bajada del precio de la chatarra, a pesar de que la siderúrgica vendió un 3,5% más de producto, un total de 4,35 millones de toneladas de acero. El ebitda creció un 44%, hasta los 396 millones, el resultado de explotación casi se triplicó, hasta los 156 millones, mientras que las pérdidas se redujeron a la mitad, con 143 millones. Los fondos propios netos se dispararon un 83%, hasta los 322 millones.
