Varios miembros del Banco Central Europeo han mostrado su preferencia para que la institución no modifique los tipos de interés en la próxima reunión del 30 de abril. Los efectos económicos del conflicto en Oriente Medio continúan siendo inciertos, y el banco central podría optar por esperar antes de definir con precisión el rumbo de su política monetaria. La institución que preside Christine Lagarde ya mantuvo los tipos alrededor del 2,15% en su anterior reunión, una decisión que mantiene desde junio de 2025, a pesar de que alertó sobre el incremento de la inflación que podría afectar la zona euro en los próximos meses a causa de la presión de los precios energéticos derivada de la guerra.
En las últimas semanas, diferentes miembros del BCE han considerado que la mejor opción sería mantener los tipos en el nivel actual. El gobernador del banco central de Grecia, Yannis Stournaras, ha defendido que la institución debería esperar, dada la posibilidad de que las negociaciones para poner fin a la guerra puedan dar frutos pronto. En su discurso en el Foro Económico de Delfos, Stournaras ha recordado que el BCE tiene experiencia de crisis anteriores y que, si es necesario, actuará de manera inmediata. Pero ha añadido que todas las estimaciones actuales indican que la inflación podría ser menor que en el escenario base previsto para este año, siempre que la guerra termine pronto.
En la misma línea se ha pronunciado el gobernador del banco central de Lituania, Gediminas Simkus, que ha afirmado que no se deberían subir los tipos de interés en la próxima reunión de política monetaria. Menos explícitas han sido las declaraciones de otros miembros, como la misma Lagarde, que ha anticipado que necesitarán recopilar más datos antes de tomar una decisión, debido a la doble incertidumbre sobre la guerra: su duración y el alcance de sus consecuencias. A pesar de ello, la presidenta del BCE ha asegurado que no se compromete de manera anticipada a una trayectoria específica de los tipos, pero que están decididos a garantizar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo.
El BCE admite que todavía no hay claridad sobre el impacto de la guerra
El economista jefe del BCE, Philip Lane, ha declarado en Fráncfort que nadie sabe con certeza cuánto tiempo durará la situación y que duda que para la semana que viene tengan claridad sobre esta cuestión. Lane ha argumentado que el nivel de impacto de la guerra sobre la economía europea todavía es complicado de prever. Por su parte, el responsable del banco central de Letonia, Martins Kazaks, ha indicado en una entrevista al Financial Times que el BCE tiene el lujo de poder esperar antes de apresurarse a subir los tipos de interés, porque no tienen prisa y todavía pueden recopilar datos y formarse una opinión.
Gran parte de los analistas de mercados coinciden en señalar que la próxima reunión del BCE no modificará los tipos de interés. Sin embargo, valoran la posibilidad de que la entidad europea pueda acometer una subida de la tasa de referencia en el mes de junio, en función de la evolución de los precios. El gestor de Carteras de Renta Fija en Mediolanum, Niall Scanlon, ha señalado que el BCE todavía no dispone de suficientes datos para decidir una subida de tipos y que la incertidumbre caracteriza el futuro cercano en el que el BCE deberá aplicar su política monetaria. Dado que los mercados descuentan actualmente unas dos subidas de tipos del BCE durante el resto de 2026, Scanlon considera poco probable que la institución transmita un mensaje que refuerce las expectativas de un endurecimiento más allá de este horizonte.
El economista jefe de Bank of America para Europa, Rubén Segura-Cayuela, ha repetido que lo más probable es que el BCE deje los tipos sin cambios ante la ausencia de más datos que aclaren las consecuencias de la crisis. Según su opinión, Lagarde mantendrá un perfil bajo en sus comunicaciones sobre la decisión de junio, pero la posibilidad de una subida va ganando fuerza. Segura-Cayuela espera pocos cambios en las perspectivas o en la comunicación escrita, y que el BCE mantenga un sesgo implícito al alza, dado que las previsiones de marzo ya incluían casi dos subidas a partir de junio.
Aunque Lagarde no dará orientaciones explícitas sobre el sexto mes, es probable que recuerde estas hipótesis en el ejercicio de previsión, lo que supone un reconocimiento implícito de una posible subida en junio, a menos que surjan nuevas sorpresas negativas. La incertidumbre geopolítica sigue siendo el principal factor que condiciona las decisiones del BCE, que se ve obligado a equilibrar la contención de la inflación con el apoyo a una economía europea que todavía no se ha recuperado del todo de los choques energéticos de los últimos años. La reunión del 30 de abril será clave para entender los próximos movimientos del banco central.