La familia Abelló dirige un imperio financiero desde un palacete madrileño situado en el número 1 de la calle Fortuny, que recibe este nombre en honor al célebre pintor reusense Mariano Fortuny. Casualidad o no, la realidad es que el origen de la fortuna de esta estirpe empresarial comienza con el reusense Juan Abelló Pascual (Reus, 1895 – Madrid,1983), un farmacéutico que fundó la primera industria española de antibióticos, que su hijo Juan Abelló Gallo (Madrid, 1941), también doctor en farmacia, expandió antes de venderla para centrarse en el mundo de las inversiones y las finanzas. Hace seis años, cedió el mando del grupo empresarial a sus hijos, la tercera generación Abelló.
Según el último ranking de grandes fortunas de Forbes, Juan Abelló Gallo es el undécimo español más rico, por detrás de Florentino Pérez, pero por delante de Sol Daurella, la reina de la Coca-Cola. En su estructura empresarial destaca Nueva Compañía de Inversiones —el holding familiar, con 126 millones de euros de beneficios netos en 2024, el último ejercicio consultable—, Torreal —su principal brazo inversor—, dos sicavs y una larga lista de inversiones directas o a través de fondos de inversión, desde Blackstone a Apollo, pero sobre todo mediante BTD y Five Arrows.
Controla participaciones en empresas cotizadas —a destacar dos del Ibex, los laboratorios Rovi (0,65%) y la perfumera Puig (0,50%), y la ferroviaria Talgo (3,20%)— y en compañías de todo tipo como Aernova (multinacional del sector aeroespacial), Piovan (maquinaria para la industria alimentaria, donde entró en 2025), Autodoc (piezas para la automoción, desde 2024), IMA (maquinaria para la industria farmacéutica), Sygnature Discovery (análisis preclínicos), Germaine de Capuccini (cosmética profesional), Alliance (primer fabricante mundial de lavadoras industriales) o GoFit (gimnasios).
Desde hace tres años han puesto el foco inversor en Estados Unidos, donde han entrado en el capital de compañías como Rimes (software financiero), Apex (instaladores de aire acondicionado) o Trimedx (maquinaria para el sector sanitario).
Juan Abelló se puso al frente del negocio familiar —los laboratorios Abelló— a mediados de los años sesenta y, después de triunfar como inversor, se retiró en el año 2020, cuando pasó a presidente de honor de Torreal y cedió los poderes a sus hijos, sobre todo a Miguel Abelló Gamazo, que ejerce de presidente ejecutivo.
Alta sociedad
Es padre de cuatro hijos y abuelo de ocho nietos. En 1968 se casó con la aristócrata Ana Isabel Gamazo Hohenlohe-Langenburg, hija del marqués de Soto de Aller y de la marquesa de Belvís de las Navas. Además, es nieta del príncipe Max de Hohenlohe-Langenburg. Durante décadas, Juan Abelló y Ana Gamazo fueron ejemplo de lo que se conoció por beautiful people, una presencia habitual en la prensa rosa y, también, en la económica, aunque ahora, ya octogenarios, prefieren la discreción.
Su primogénito, Juan Claudio Abelló Gamazo, que aparece en los consejos de administración de diversas empresas del grupo familiar, está casado con Marta Álvarez Guil —hija de Isidoro Álvarez—, que presidió El Corte Inglés hasta el pasado enero, cuando fue relevada por su hermana Cristina. Tienen dos hijos.
El segundo, Alejandro, el más discreto, con intereses en el sector de la hostelería, está casado con Marina Valcárcel, marquesa de O’Reilly. Y el tercero, Cristian, preside firmas de inversión como Quarza y Firmum, y es padre de tres hijos, fruto de dos matrimonios.
Pero el que tiene más poder es el hermano pequeño, Miguel Abelló Gamazo, presidente ejecutivo de Torreal desde hace seis años, cuando tomó el puesto de su padre. Formado en negocios por la universidad californiana de Berkeley, trabajó en Nueva York y Shanghái antes de incorporarse a la empresa familiar. Está casado con Carmen Frühbeck y son padres de dos hijos.
Orígenes empresariales
El químico y farmacéutico Juan Abelló Pascual (Reus, 1895 – Madrid, 1983) creó una empresa de medicamentos en 1933 y, en la posguerra, fue cofundador en 1949 de la primera compañía de antibióticos española, que distribuyó penicilina en todo el Estado. Se casó con la madrileña Nieves Gallo Rodeles (1900-1986) y tuvieron cinco hijos, uno de ellos fue Juan Abelló Gallo.
Doctor en farmacia, el continuador de la estirpe se incorporó en 1965 a los laboratorios de su padre, conocidos por el apellido familiar, primero como especialista y, después, como director general y, finalmente, como presidente. En 1983 vendió laboratorios Abelló a la multinacional Merck por 2.700 millones de pesetas (16 millones de euros) y, un año después, tomó el control de Antibióticos SA, con una participación del 46%. Y en 1987, los socios de esta última farmacéutica la vendieron a la multinacional italiana Montedison por 58.000 millones de pesetas (350 millones de euros), en lo que fue la mayor inversión de capital extranjero hasta esa época.
Con el dinero, Juan Abelló se convirtió en el primer accionista individual y consejero del Banco Español de Crédito (Banesto), pero salió en 1989, un año antes de que el Banco de España le interviniera cuando estaba presidido por Mario Conde. Luego empezó a operar con Torreal y entró en los consejos de grandes compañías como Banco Santander o Airtel, la segunda gran operadora de telefonía española en aquel entonces, que presidió hasta que fue cesado en 2001, tras ser adquirida por Vodafone.
Antes de ceder paso a su hijo Miguel, el grupo empresarial dio un giro estratégico hacia 2018 al salir de varias compañías –Mediapro, Saba...– para centrarse en las finanzas. Pero todavía continúa en el capital de Talgo (3,2%), si bien ya no tiene representantes en el consejo después de que el Gobierno impidiera la opa de los húngaros de Ganz-MaVag y facilitara que la vasca Sidenor y la Sepi tomaran su control.
Dos datos evidencian su inmensa fortuna: es el primer terrateniente de España, el propietario que tiene más tierras –unas 41.300 hectáreas, repartidas sobre todo por el sur y el centro peninsular–, más que la familia de los Duques de Alba. Y posee una valiosa colección privada de arte, con 800 piezas que van desde Goya a Picasso, que suele ceder a museos. Hace pocos años, todavía acudía a cacerías y al palco del Real Madrid.