El tercer trimestre del año 2025 dejó una huella clara y divergente en el panorama inmobiliario europeo. Mientras a grandes rasgos el conjunto de la Unión mostraba un ritmo de crecimiento estable, algunos países, con España en posición destacada, dibujaron una curva mucho más pronunciada que alejó aún más los precios de la vivienda de la media comunitaria.
En el Estado, los precios avanzaron con un vigor que no da señales de desvanecerse. Entre julio y septiembre, el incremento respecto al trimestre anterior fue del 2,9%, una cifra que, si bien representa una cierta moderación tras el fuerte 4% del segundo trimestre, se sitúa muy por encima de lo que se vivió en el resto del continente.
Este impulso coloca a la economía española en una trayectoria propia, ya que el conjunto de la zona euro y la Unión Europea en conjunto registraron un avance mucho más modesto, de un 1,6%, casi la mitad. La diferencia no es anecdótica, sino que apunta a un dinamismo interno y a una presión de la demanda que marcan una clara diferencia con los vecinos europeos.
La imagen se hace aún más nítida e inquietante cuando se amplía la perspectiva temporal. Al comparar con las cifras de un año antes, la subida interanual en el Estado alcanzó un 12,8%, una cifra que duplica con creces el crecimiento medio tanto de la zona euro como de la UE, que se quedaron en el 5,1% y el 5,5%, respectivamente.
Esta ruptura es lo que genera más alarma entre analistas y potenciales compradores, porque describe no un episodio puntual, sino una tendencia consolidada que amplía año tras año la brecha de accesibilidad. Se trata de un fenómeno multicausal, alimentado por una oferta insuficiente en las áreas más solicitadas, una fuerte inversión y una demanda que resiste a los vientos en contra de los tipos de interés más altos.
Este ritmo frenético contrasta con la estabilidad general del bloque. Eurostat señaló que el alza media en los 27 se mantuvo inalterada respecto a los periodos previos, un indicio de que la mayor parte de los mercados europeos navegan en aguas más tranquilas. La gran excepción, sin embargo, no es solo España.
Un puñado de economías, principalmente del este y del sur del continente, también experimentan presiones alcistas significativas. Letonia y Eslovaquia, por ejemplo, lideraron los incrementos trimestrales en Europa, seguidos de cerca por Portugal, un país que comparte con España muchos de los factores que explican esta efervescencia inmobiliaria.
A la vez, en el otro extremo del tablero, algunos países como Luxemburgo, Finlandia o Eslovenia vieron cómo los precios retrocedían ligeramente en los últimos tres meses. En el caso de Finlandia, esta corrección es aún más visible en el análisis interanual, mostrando una realidad inmobiliaria completamente diferente, probablemente marcada por las condiciones económicas locales y el impacto más inmediato de las políticas monetarias más duras.
El resultado final es un mapa europeo fragmentado, donde el calor del mercado español y de otros pocos puntos específicos no consigue calentar la temperatura media del conjunto.
Los datos del tercer trimestre de 2025 confirman que el alejamiento entre la evolución de los precios de la vivienda en España y la de sus socios europeos es ahora una característica estructural, y no una anomalía puntual, con todas las implicaciones sociales y económicas que esto conlleva.