La economía española ha dado muestras de ralentización durante los primeros tres meses del año, en un contexto marcado por la escalada del conflicto en Oriente Medio y la crisis energética que se ha derivado. Según los datos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística, el PIB creció un 0,6% entre enero y marzo, una tasa que supone dos décimas menos que la registrada en el trimestre anterior. El consumo de los hogares ha sido el principal factor que ha sostenido la actividad, mientras que el sector exterior ha restado al crecimiento, con una caída acusada de las ventas al exterior.

La demanda estatal ha aportado cuatro décimas al crecimiento intertrimestral del PIB, según la estimación del INE. El gasto en consumo final de los hogares ha aumentado un 0,6%, una cifra que refleja la resistencia del consumo interno a pesar del encarecimiento de la energía y los alimentos. El gasto de las administraciones públicas ha crecido un 0,2%, mientras que la formación bruta de capital solo ha avanzado un 0,1%, lo que indica que las empresas han puesto freno a sus gastos de inversión en un entorno de incertidumbre.

El gran freno para la economía durante el primer trimestre ha sido el comportamiento del sector exterior. Las exportaciones de bienes y servicios se han reducido un 0,5%, una tasa que empeora en 1,2 puntos la del trimestre anterior. La desaceleración de las ventas al exterior se explica en gran parte por la pérdida de competitividad de la economía española debida al encarecimiento de los costes energéticos, así como por la menor demanda de los socios europeos. Asimismo, las importaciones también han bajado un 1,2%, un dato que confirma que las empresas y los hogares han reducido su demanda de productos extranjeros.

Todos los sectores crecen, pero con ritmos diferentes

Desde la óptica de la oferta, todos los grandes sectores han aportado algo positivo al crecimiento. El sector primario ha sido el más dinámico, con un avance del 3,3% en el trimestre, gracias a la mejora de las cosechas respecto al año anterior. La industria ha crecido un 0,4%, un ritmo moderado, pero positivo, mientras que la construcción solo ha avanzado un 0,1%, después de varios trimestres de crecimiento más intenso. Los servicios, que representan el grueso del PIB, han subido un 0,7%, pero también se han ralentizado respecto al trimestre anterior.

En comparación con el mismo período del año pasado, la economía española ha mejorado un 2,7%, una décima más que la tasa registrada en el cuarto trimestre. El consumo de los hogares ha subido un 3,2% interanual, ligeramente por debajo del trimestre anterior, mientras que el gasto público ha crecido un 2%. La inversión ha sido el componente más dinámico en términos anuales, con un avance del 5,8%. En cuanto al sector exterior, las exportaciones solo han subido un 0,9% en tasa interanual, 2,8 puntos menos que en el trimestre precedente, y las importaciones han aumentado un 3,1%.

Los datos del INE reflejan una economía española que continúa creciendo, pero a un ritmo más pausado y con algunos desequilibrios. El gran motor del crecimiento continúa siendo la demanda interna, mientras que el sector exterior empieza a dar signos de debilidad. El encarecimiento del crudo y del gas, derivado del conflicto en Oriente Medio, está afectando tanto a los bolsillos de las familias como a los costes de producción de las empresas.

Las previsiones para el segundo trimestre apuntan a una moderación adicional del crecimiento, a menos que se produzca una desescalada de las tensiones geopolíticas que permita recuperar los márgenes empresariales y del comercio internacional. El Gobierno confía en que las medidas fiscales para contener el precio de la electricidad y las ayudas a sectores intensivos en energía ayuden a suavizar el impacto, pero los riesgos a la baja continúan presentes.