Sergi Ferrer-Salat preside el grupo farmacéutico Ferrer y, también, cinco activas fundaciones a las que destinó el año pasado 20 millones de euros –según precisan fuentes de estas entidades– para operar en los campos de la cultura, la educación, la agricultura, la ayuda social, el deporte o los derechos humanos, un ámbito en el que incluye la defensa del pueblo palestino. Es un destacado empresario, pero sobre todo es un activista.
Las fundaciones Ferrer indican que trabajan para "socializar la riqueza" al promover la "justicia ecosocial" mediante multitud de proyectos. Mario Rovirosa, CEO del grupo farmacéutico y patrón de las fundaciones, ya dejó claro hace tiempo que las industrias Ferrer eran un instrumento para financiar proyectos sociales.
Hace más de 40 años, Carles Ferrer Salat (1931-1998), una figura histórica del deporte y de la empresa –campeón de tenis, presidente del Comité Olímpico Español, del Cercle d'Economia, de Foment del Treball y de la CEOE, entre otros méritos– creó la Fundación de Música Ferrer Salat (actualmente, Fundació Ferrer de Música), pero su hijo ha puesto en marcha cuatro más –Green for Good, Social Justice, Finestres y Ferrer Talent– que colaboran entre ellas y con muchas otras entidades. Incluso, han establecido alianzas internacionales con Oxfam Intermón, WWF (la organización independiente más grande del mundo dedicada a la defensa de la naturaleza y el medio ambiente) o con la Unrwa (la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos).
Precisamente, mediante la Fundació Ferrer Social Justice, han desplegado Acción Palestina, una "línea de trabajo" para "generar conciencia y movilizar a la ciudadanía" sobre la situación del pueblo palestino, según se indica en su web. Entre otras acciones, colaboraron en la salida de la Global Samud Flotilla desde el Moll de la Fusta, el pasado 12 de abril, o en la campaña ACT X Palestine, en el marco de la cual se celebró el macroconcierto del 29 de enero en el que cantó, por sorpresa, Rosalía entre otros artistas destacados.
El pasado 15 de mayo, día de la Nakba —conmemoración del éxodo palestino después de la creación del Estado de Israel—, se inauguró la Llibreria Finestres Palestina, en la calle Verdi de Barcelona, dedicada a la difusión de la cultura y de la situación del pueblo palestino, que también forma parte del entramado de entidades Ferrer. En realidad, Acción Palestina "impregna" la actividad de varias de las fundaciones Ferrer.
Pero Ferrer Social Justice destaca por otra actividad: el comedor social, para ayudar a colectivos en situación de especial vulnerabilidad, que sirve 4.200 comidas diarias (un millón al año). Otras magnitudes de este servicio: 3,7 millones de entregas (desde marzo de 2020 a diciembre de 2025), más de 322 toneladas compradas a productores y distribuidores locales (en 2025) y más de 75 toneladas de alimentos recibidos de otras entidades como donación para evitar el desperdicio alimentario (también en 2025). Aplican el criterio del 'plato de Harvard', o sea, comidas equilibradas en el aspecto nutricional. Colaboran con más de 50 entidades.
Con la Fundació Ferrer Green for Good llevan a cabo programas ambientales y de investigación agrícola, entre los que se encuentra la red de huertos urbanos sociales. Según sus datos, disponen de 6.645 metros cuadrados de cultivos agrogenerativos, con 232 usuarios, 213 voluntarios, que producen 18,6 toneladas de hortalizas (entre 2022 y 2025) y benefician a 450 familias. En este ámbito mantienen alianzas con consorcios públicos como el CREAF (Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals) y colaboran con diversas entidades que van desde Médicos sin Fronteras a un centro escolar del barrio de la Mina. Disponen de siete huertos en Barcelona, l'Hospitalet y Sant Adrià del Besòs. El pasado mayo abrieron un huerto en el entorno del Hospital de Sant Pau, con el objetivo de contribuir al bienestar de las personas con enfermedades oncológicas.

Con la Fundació Ferrer Música, la más antigua, apoyan el talento mediante becas (714 con el Conservatori del Liceu desde 2010 y 90 más con la JONDE), premios y programas musicales para centros escolares de primaria y secundaria. Y han aportado 750 instrumentos a escuelas.
Con la Fundació Finestres impulsan la cultura literaria. Uno de los objetivos es desarrollar el pensamiento crítico. Otorga becas de ensayo y de cómic, así como premios en estos campos y también en el de narrativa. Disponen de la Residencia Finestres, una casa en un acantilado de la Costa Brava, donde realizan estancias escritores de todo el mundo. Mediante la empresa Editorial Finestres, ya han publicado más de 50 títulos, y mediante Llibreria Finestres, disponen de cinco espacios de venta de libros al público, de los cuales cuatro están en Barcelona y uno en Palamós. Hasta ahora, las librerías han sido deficitarias, pero prevalece ofrecer un servicio cultural de calidad más que la rentabilidad.
Y con Ferrer Talent forman y acompañan a jóvenes deportistas. Vinculada a esta actividad, han creado Tennis Empowerment Center (TEC), un centro de alto rendimiento para jóvenes promesas del tenis, que tiene su sede en el Club de Tenis Sant Gervasi, situado en Sant Just Desvern, unas instalaciones que compraron hace tres años. Estos jóvenes también colaboran como voluntarios en otras fundaciones del grupo. Sergi Ferrer-Salat formó parte de la anterior junta del Real Club Tennis Barcelona, pero se fue por discrepancias sobre el enfoque de la formación de jóvenes tenistas y levantó este centro, con vocación social.
Al frente de las fundaciones se encuentran Sergi Ferrer-Salat, Mario Rovirosa y David Ferrer, que son, respectivamente, el presidente, el CEO y el director financiero del grupo farmacéutico. Estefania Rico es su directora. El presupuesto de las fundaciones ascendió el pasado año a 20 millones de euros y disponen de una plantilla de 130 personas, según precisan desde estas entidades.
El grueso de los recursos sale del grupo farmacéutico Ferrer, con una facturación de 700 millones de euros y una plantilla de 1.800 personas (datos del ejercicio 2024). Este grupo está reorientando su negocio. Recientemente vendió el analgésico Gelocatil, uno de sus productos más conocidos, así como el resto de medicamentos que no necesitan receta a la francesa Cooper Consumer Health. Se han desprendido de la división de fármacos sin receta para centrarse en soluciones especializadas, sobre todo para enfermedades vasculares, pulmonares o trastornos neurológicos raros. Están desarrollando un tratamiento para la ELA y para el trastorno de Huntington, entre otras enfermedades graves.
Carlos Ferrer Salat y Jordi Ferrer, su primo, constituyeron Laboratorios Ferrer en 1959 y, a principios de la década de los setenta, iniciaron la expansión internacional con la compra de Trommsdorf GmbH en la República Federal Alemana. El grupo se fue haciendo más grande, pero el fundador nunca dejó el mundo político y asociativo: fue el primer presidente del Cercle d'Economia, el primero de Foment del Treball en la Transición y el primero de la CEOE (1977-1984), además de un hombre clave en los Juegos Olímpicos de Barcelona por su condición de presidente del Comité Olímpico Español.
Francesc Cabana relata en la biografía sobre Carlos Ferrer Salat (RBA) que fue detenido durante el franquismo por actividades contra el régimen. Se le acusó de “europeísta”. Casado con Blanca Serra di Migni, fueron padres de dos hijos: Beatriz (1968), medallista olímpica en doma clásica, y Sergi Ferrer-Salat Serra de Migni (1968), que lideró la compañía farmacéutica y la primera fundación, la musical, a raíz del fallecimiento de su padre. También ha puesto en marcha nuevos proyectos empresariales como la bodega ecosostenible Ferrer Bobet, en Falset (Priorat).
La estirpe empresarial de los Ferrer, antes de entrar en la industria farmacéutica y en el mundo de las fundaciones, ya había hecho fortuna con negocios en los sectores de la química y la alimentación.