El impacto del sector turístico en la riqueza generada por la ciudad de Barcelona ha mostrado una tendencia decreciente y estructural en el período comprendido entre 2019 y 2023, según las conclusiones de un informe elaborado por el recientemente creado Observatori de l'Economia Urbana. Este grupo de análisis, impulsado por la Cambra de Barcelona, ha presentado su primer estudio. Los datos revelan que la contribución directa del turismo al producto interior bruto de la capital catalana pasó del 14,1% al 12,8% en este lustro, un descenso de 1,3 puntos porcentuales que abre un debate profundo sobre la transformación del modelo económico de la ciudad.

El Observatori ha nacido con el objetivo estratégico de aportar datos rigurosos, estudios de fondo y análisis prospectivos sobre el papel y la evolución de la economía urbana de Barcelona. El informe sobre el impacto del turismo constituye la primera pieza de una serie de seis estudios en los que ya trabaja este nuevo grupo de investigación y análisis, marcando así una voluntad clara de ofrecer herramientas objetivas para la toma de decisiones.

Una de las conclusiones más relevantes que se extrae del estudio es la capacidad generadora de empleo de la actividad turística. Esta ocupaba, en el período analizado, a casi 165.000 personas en la ciudad. El análisis sectorial revela una alta concentración, ya que el 80% de esta ocupación se concentra en cinco sectores económicos claramente definidos: los servicios de comida y bebida (restauración), el comercio al por menor, los servicios de alojamiento (hotelería), el transporte terrestre y las actividades inmobiliarias.

Esta distribución pone de manifiesto el efecto arrastre del turismo sobre un ecosistema económico amplio y diverso, a pesar de estar focalizado. Desde el Ajuntament de Barcelona, el teniente de alcalde Jordi Valls ha instado a "evitar la polarización simplista" cuando se aborda el debate sobre el impacto del turismo en la ciudad. Ha puesto el acento en los avances regulatorios recientes, como el incremento de la tasa turística, como instrumentos para gestionar la industria y combatir sus externalidades negativas, al tiempo que se reaprovechan los recursos generados para la ciudad.

El presidente de Turisme de Barcelona, Jordi Clos, ha sacado valor político a la cifra del informe. Ha sostenido que el hecho de que el turismo represente menos del 13% del PIB urbano es un indicador positivo que permite cambiar la narrativa: "Barcelona ya no es una ciudad turística, sino una ciudad con turismo que convierte su rentabilidad en beneficios para los negocios de la ciudad". Esta distinción semántica busca desvincular la identidad de la ciudad de una dependencia excesiva y proyectar una imagen de economía diversificada. En representación del mundo empresarial, el presidente de la Cambra de Barcelona, Josep Santacreu, afirma que estos datos "rompen el mito de que el turismo sea un sector de poco valor añadido".

Defiende un modelo de gobernanza turística basado en la colaboración público-privada, una regulación equilibrada y una apelación a la responsabilidad compartida de todos los agentes. El jefe de estudios económicos de la Cambra, Joan Ramon Rovira, añade una comparación esclarecedora: el volumen de ocupados vinculados directamente a la hostelería es similar al de las actividades culturales e industriales creativas (22.000 contra 19.000). Además, ha puntualizado que la productividad media de las actividades vinculadas al turismo es "muy similar" a la del conjunto de la economía barcelonesa, rebatendo otra crítica habitual sobre la baja productividad del sector.