España atraviesa una de esas semanas en las que cuesta ordenar la realidad sin sentir vértigo. Veníamos del impacto por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra y, casi sin margen para asimilarlo, estalla el sumario de Leire Díez, con audios, reuniones, mensajes y nombres que apuntan directamente al corazón del poder.
A esto se suma el caso del hermano de Pedro Sánchez, las polémicas conversaciones conocidas estos días y la sensación creciente de que las instituciones están atrapadas en una guerra de cloacas, intereses y supervivencia política.
La ciudadanía observa atónita. Muchos no alcanzan a entender todos los detalles, porque cada día aparece una pieza nueva. Pero lo poco que se va conociendo ya es lo bastante grave como para que a cualquiera le entren ganas de salir corriendo.
El problema es que no podemos salir corriendo. Tenemos que mirar, entender, exigir explicaciones y preguntarnos qué queda de la representación política cuando quienes deberían servir al país parecen más ocupados en protegerse a sí mismos.
