¿Tienes webcam? Seguro que sí y, además, es muy posible que la hayas utilizado esta misma semana para participar en alguna videoconferencia. Ese humilde dispositivo (lo es porque sólo incluye una lente, un sensor de imagen y los circuitos imprescindibles) acaba de cumplir 31 años. Y lo más curioso es que el primer uso que se dio a la primera de estas cámaras fue vigilar una cafetera.

¿Un ingeniero cabreado?

El inventor de estos pequeños dispositivos hoy imprescindibles para, por ejemplo, poder trabajar desde casa, fue Quentin Stafford-Fraser, un ingeniero de la Universidad de Cambridge muy amigo del café que decidió diseñar en 1991 un sistema que le permitiera controlar el nivel bebestible que quedaba en la cafetera de la que se solía servir, situada algo lejos de su despacho, en concreto en un salón llamado Trojan Room. Su idea, que incluía una cámara, un sencillo programa y dos ordenadores conectados, generó sensación y aquella humilde cámara Philips en blanco y negro con una resolución de 129x129 píxeles de la que echó mano y que mostraba a nuestro muy cafetero investigador cuánto cálido brebaje quedaba en su cafetera preferida estuvo allí diez años, hasta 2001. Entre tanto, el aplicativo Xcoffe, diseñado por Quentin para poder ver las imágenes en su ordenador del despacho, fue mejorado por sus compañeros Dan Gordon y Martyn Johnson. Cuando apareció la World Wide Web, la cámara se conectó a la red y, claro, el éxito del invento fue global.

Apagada en 2001

Lo que vino después ya lo sabes y tiene que ver con esas cámaras que cualquier portátil incorpora hoy, pero la última imagen de aquella cámara primera se emitió en 2001. La cafetera protagonista, eso sí, lleva desde 2015 en el Museo Alemán de la Tecnología de Berlín. Moraleja: si cabreas a un ingeniero, el resultado puede ser un gran invento.