Centaurus A lleva casi dos siglos desconcertando a los astrónomos. Vista en luz visible, parece una galaxia atravesada por una enorme franja oscura, como si una cicatriz dividiera su región central. El polvo impedía observar con claridad qué ocurría detrás. Ahora, el telescopio espacial James Webb ha atravesado esa barrera y ha revelado una estructura mucho más compleja de lo esperado.
Las nuevas imágenes muestran millones de estrellas, filamentos de polvo caliente y una enigmática forma de S en el corazón de la galaxia. La estructura puede observarse con claridad, pero los astrónomos todavía no saben explicar por completo qué fuerzas la produjeron.
Una galaxia conocida que ahora parece distinta
Centaurus A, también llamada NGC 5128, se encuentra a unos 11 millones de años luz de la Tierra. Es la radiogalaxia activa más cercana y uno de los objetos más estudiados de su tipo, aunque su densa banda de polvo había ocultado buena parte de su estructura interna.
El Webb ha cambiado esa situación gracias a sus instrumentos infrarrojos. La cámara NIRCam puede atravesar parte del polvo y distinguir una enorme cantidad de estrellas individuales. Allí donde antes parecía haber una mancha difusa, ahora aparece un campo estelar extraordinariamente denso.
El instrumento MIRI, por su parte, observa el polvo en el infrarrojo medio. El material que en luz visible parece negro comienza a brillar y deja al descubierto filamentos, nudos y regiones donde se están formando nuevas estrellas.
La misteriosa S aparece entre el polvo
La característica que más ha llamado la atención es una estructura retorcida que dibuja una especie de S en la región central. No parece una ilusión provocada por el procesamiento de la imagen, sino una distribución real de polvo y gas dentro de la galaxia.
Su origen, sin embargo, todavía no está claro. Podría estar relacionada con la deformación del disco de Centaurus A, con el movimiento del gas alrededor del agujero negro supermasivo o con la influencia de los potentes chorros de material que salen del núcleo.
Por ahora, ninguna hipótesis explica por completo lo observado. Los datos muestran que el gas no se mueve de forma perfectamente circular y que en la zona central existen corrientes, filamentos y regiones sometidas a fuerzas distintas.
El agujero negro podría tener parte de la respuesta
En el centro de Centaurus A hay un agujero negro supermasivo que alimenta un núcleo galáctico activo. Mientras atrae materia, también expulsa grandes chorros de plasma que se extienden mucho más allá de la galaxia.
El Webb ha detectado gas ionizado moviéndose a gran velocidad y un disco de hidrógeno molecular caliente cerca del núcleo. Estas observaciones permiten analizar cómo la actividad del agujero negro modifica el material que lo rodea.
Esa interacción puede producir efectos opuestos. En algunas zonas, la presión y los choques podrían comprimir el gas y favorecer la formación de estrellas. En otras, podrían calentarlo o expulsarlo, dificultando que nazcan nuevos astros. Averiguar qué efecto domina sigue siendo una de las preguntas abiertas en Centaurus A.
La galaxia conserva las huellas de una colisión antigua
El aspecto de Centaurus A se relaciona con una fusión galáctica ocurrida hace unos 2.000 millones de años. Una galaxia rica en gas chocó con otra de forma más elíptica, dejando un disco deformado, grandes cantidades de polvo y una estructura interna todavía compleja.
Ese episodio no fue observado directamente. Su antigüedad y características se reconstruyen mediante modelos, el movimiento de las estrellas y la distribución del gas. Las imágenes del Webb añaden ahora mucho más detalle a esa historia.
La forma en S podría ser otra huella de aquella fusión, aunque también es posible que se desarrollara después por la dinámica del disco o por la actividad del agujero negro. Será necesario combinar las imágenes con datos espectroscópicos y modelos más precisos para distinguir entre estas posibilidades.
Webb también permite seguir el movimiento del gas
Las imágenes son espectaculares, pero la investigación no depende solo de ellas. Los instrumentos del Webb también pueden analizar la luz de cada región y determinar cómo se mueve el material, qué temperatura tiene y qué compuestos están presentes.
Las primeras mediciones muestran un núcleo mucho más dinámico de lo que sugerían las observaciones anteriores. Hay un disco molecular cálido y deformado, filamentos alrededor del centro y corrientes de gas que parecen avanzar hacia el interior.
Estos datos pueden ayudar a explicar cómo llega el material hasta el agujero negro y cómo la energía liberada por este vuelve a afectar a la galaxia.
Dos siglos después, Centaurus A sigue planteando preguntas
Centaurus A fue observada por primera vez en 1826 como una mancha extraña atravesada por una franja oscura. Desde entonces, cada nueva generación de telescopios ha revelado una parte distinta de su estructura.
El James Webb ha conseguido mirar detrás del polvo y mostrar una galaxia llena de estrellas, regiones de formación estelar y estructuras que antes apenas podían intuirse. Sin embargo, la forma en S demuestra que obtener una imagen más clara no significa encontrar de inmediato una explicación.
Ahora sabemos mucho mejor qué hay en el corazón de Centaurus A. Lo que todavía falta es entender por qué está organizado de esa manera. Después de casi 200 años de observaciones, una de las galaxias más estudiadas del cielo todavía conserva preguntas sin respuesta.
