¿Y si las “estrellas” más frías de la galaxia fueran en realidad megaestructuras alienígenas?

Una de las estructuras alienígenas teóricas más probables es la llamada esfera de Dyson. Se trata de una construcción hipotética que una civilización avanzada podría crear alrededor de una estrella para aprovechar toda o gran parte de su energía. Aunque no tendría que ser una esfera sólida, sino un enorme conjunto de estructuras orbitando alrededor del astro, su presencia dejaría una huella detectable: una gran cantidad de radiación infrarroja generada por el calor de la energía absorbida.

Ahora, un nuevo estudio apunta a que algunas de las estrellas más frías de la galaxia podrían ser los mejores lugares para buscar estas gigantescas construcciones. Las enanas rojas y las enanas blancas serían objetivos especialmente interesantes, ya que una civilización avanzada podría tener más facilidad para construir estas estructuras de recolección de energía. Estas estructuras podrían hacer que una estrella pareciera extraña, emitiendo más luz infrarroja de lo esperado o mostrando patrones de brillo poco habituales.

En lugar de una única capa sólida, los científicos ahora imaginan un “enjambre” de Dyson

Encontrar una estructura alienígena como esta puede ser la forma más sencilla de encontrar vida extraterrestre. Las distancias en el cosmos son incompatibles con nuestro tiempo, por lo que llegar a otra estrella es prácticamente imposible para un humano. Sin embargo, sí que podemos visualizar otras estrellas y galaxias con bastante precisión. Por eso este estudio es tan interesante.

El estudio, liderado por Amirnezam Amiri, de la Universidad de Arkansas, propone una nueva forma de buscar estas hipotéticas megaestructuras alienígenas como la esfera de Dyson. En lugar de centrarse en estrellas como el Sol, la investigación señala que las enanas rojas y las enanas blancas son los mejores candidatos. Al ser mucho más pequeñas, una civilización avanzada necesitaría muchos menos recursos para construir un enjambre de estructuras capaz de captar gran parte de su energía.

esfera dyson ejemplo
Estas megaestructuras serían la prueba de vida extraterrestre

Según los investigadores, estas megaestructuras cambiarían por completo el aspecto de una estrella. En vez de emitir la mayor parte de su energía en forma de luz visible, absorberían esa radiación y la devolverían al espacio en forma de calor, generando una intensa señal en el infrarrojo. En la práctica, la estrella parecería mucho más fría de lo que realmente es, ocupando una región del diagrama de Hertzsprung-Russell donde no deberían existir estrellas naturales.

El estudio también explica que una esfera de Dyson sólida sería prácticamente imposible de construir, por lo que el escenario más realista sería un enjambre de miles o millones de estructuras independientes orbitando alrededor de la estrella. Ese movimiento podría provocar pequeñas variaciones de brillo con patrones muy poco habituales, además de una firma infrarroja “limpia”, sin las señales de polvo que suelen rodear a muchas estrellas.

Precisamente por eso, telescopios como el James Webb, especializado en observaciones infrarrojas, son herramientas ideales para intentar localizar estas posibles tecnofirmas. De hecho, el Proyecto Hephaistos ya identificó varios candidatos alrededor de enanas rojas, aunque ninguno ha podido confirmarse hasta ahora. Este nuevo trabajo aporta nuevas pistas que podrían ayudar a diferenciar una posible megaestructura alienígena de un fenómeno astronómico completamente natural. De hecho, cada vez más científicos creen que podríamos estar ignorando señales de vida extraterrestre.

Eso sí, incluso si algún día encontráramos una esfera de Dyson, no significaría necesariamente que esa civilización siga existiendo. La mayoría de las estrellas que observamos se encuentran a cientos, miles o incluso millones de años luz de distancia, por lo que las vemos tal y como eran en el pasado. Es el mismo motivo por el que una hipotética civilización situada a cientos de años luz de la Tierra no vería nuestro planeta tal y como es hoy, sino como era hace siglos. En otras palabras, podríamos estar observando los restos de una civilización desaparecida hace muchísimo tiempo sin siquiera saberlo.