El universo está lleno de cosas que no vemos, pero que aun así parecen decidir cómo funciona todo. La materia oscura y la energía oscura son el mejor ejemplo: entre ambas dominan el cosmos, pero los científicos todavía no saben con certeza qué son.

Ahora, una supernova extremadamente lejana ha vuelto a poner estas preguntas sobre la mesa. La clave no está solo en su distancia, sino en cómo la estamos viendo. Su luz ha llegado hasta nosotros después de viajar durante más de 10.000 millones de años y, en ese trayecto, ha sido deformada por la gravedad de una gran estructura situada entre la explosión y la Tierra.

El resultado es fascinante: en lugar de ver una única supernova, los astrónomos pueden observar varias imágenes del mismo evento. Ese detalle, que a simple vista puede parecer una rareza visual, es justo lo que convierte esta observación en una herramienta científica de enorme valor.

Una explosión lejana convertida en laboratorio cósmico

La supernova bautizada como SN H0pe fue detectada por el telescopio espacial James Webb y pertenece al tipo Ia, una clase especialmente útil para la cosmología porque su brillo intrínseco se puede estimar con bastante precisión. Eso permite usarlas como “velas estándar” para medir distancias en el universo.

En este caso, además, la explosión aparece triplicada por efecto de una lente gravitacional generada por un cúmulo de galaxias situado en primer plano. Lo interesante de este fenómeno es que cada imagen de la supernova no llega exactamente al mismo tiempo. La luz recorre caminos distintos, con longitudes diferentes, y eso introduce pequeños retrasos medibles.

Esos retrasos permiten poner a prueba los modelos con los que los astrónomos calculan la expansión del universo. Y aquí aparece uno de los grandes debates de la cosmología actual: la llamada tensión de Hubble.

Simplificando mucho, existen dos formas principales de medir a qué velocidad se expande el universo, y no terminan de dar el mismo resultado. Por eso, observaciones como esta resultan tan valiosas: aportan una nueva forma de contrastar esas mediciones y de comprobar qué modelo encaja mejor con la realidad.

Lo que esta supernova puede contar sobre la materia oscura

Aquí conviene no exagerar. Esta supernova no ha revelado de golpe el origen de la materia oscura, pero sí puede ayudar a entender mejor cómo está distribuida y eso ya es muchísimo.

La materia oscura no emite luz ni puede observarse directamente, así que los científicos la estudian a través de su efecto gravitatorio sobre galaxias, cúmulos y rayos de luz. Cuando una lente gravitacional deforma la luz de una supernova tan distante, también deja pistas sobre cómo está repartida la masa —visible e invisible— en el objeto que actúa como lente.

En otras palabras: para explicar bien las imágenes múltiples y sus retrasos temporales, los investigadores necesitan reconstruir con enorme precisión la distribución de materia en ese cúmulo de galaxias. Y ahí es donde la materia oscura entra en escena.

Cuanto mejor funcione ese mapa gravitatorio, mejor podrán los científicos afinar sus modelos sobre la estructura del cosmos. No es una respuesta definitiva, pero sí una pieza muy valiosa para acercarse a ella.

Los científicos creen que esta observación puede ayudar a afinar las medidas de la expansión del universo y la distribución de materia oscura.

Un hallazgo importante, aunque no el único récord de Webb

También hay un matiz importante. El telescopio James Webb ya ha confirmado otras supernovas extremadamente antiguas, así que no todos los récords científicos cuentan exactamente la misma historia.

En este caso, el interés de SN H0pe no está solo en la distancia. Lo realmente excepcional es la combinación de varios factores a la vez: su enorme lejanía, su clasificación como supernova de tipo Ia y el hecho de que aparezca multiplicada por una lente gravitacional.

Esa combinación la convierte en una herramienta especialmente útil para medir el cosmos con más precisión. Y por eso ha despertado tanto interés entre los astrónomos.

El universo sigue sin darnos respuestas fáciles

La gran virtud de descubrimientos como este es que no cierran preguntas: las vuelven mejores. Una supernova lejana, repetida varias veces en el cielo por la curvatura del espacio-tiempo, puede parecer una imagen casi poética. Pero en realidad es una forma de poner a prueba las leyes que describen el universo a gran escala.

Por ahora, los investigadores seguirán observando este sistema con Webb y con otros telescopios para reducir incertidumbres. Y ahí está lo más prometedor de todo: si futuras observaciones mejoran estas mediciones, podríamos entender un poco mejor por qué el universo se expande como se expande y qué papel juega en todo ello esa materia invisible que sigue dominándolo casi en silencio.