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Marte es hoy un mundo frío, seco y desértico, pero conserva intacta gran parte de su historia geológica. A diferencia de la Tierra, el planeta rojo carece de tectónica de placas y de volcanes activos que borren las huellas del pasado. Por esta razón, su superficie funciona como una auténtica cápsula del tiempo que permite investigar cómo era el sistema solar hace miles de millones de años. Recientemente, el rover Curiosity de la NASA ha realizado un descubrimiento fascinante en el cráter Gale: una extensa zona del suelo cubierta por pequeñas estructuras poligonales, similares a un panal de barro agrietado.

Aunque los científicos ya habían detectado patrones parecidos mediante satélites en órbita, es la primera vez que se analizan directamente sobre el terreno. Estas grietas miden entre cuatro y ocho centímetros de anchura. Según los investigadores, su geometría es idéntica a la que se produce en la Tierra cuando el barro o el limo húmedo se seca: al perder agua, el sedimento se contrae y la superficie se fractura formando figuras geométricas. De confirmarse esta hipótesis, estas marcas constituirían una prueba directa de que Marte experimentó ciclos alternos de lluvia y sequía hace entre 3.800 y 3.600 millones de años, durante la transición entre las eras Noeica y Hespérica. 

Marte tuvo lluvias y sequías similares a la Tierra: el hallazgo del rover Curiosity

Descubrimiento del rover Curiosity en Marte

En aquella época remota, el clima marciano era mucho más húmedo, cálido y parecido al de la Tierra, lo que abre la posibilidad de que se dieran condiciones favorables para la vida. Sin embargo, la comunidad científica mantiene la cautela. Aunque la teoría del barro seco es muy sólida, las estructuras geométricas en Marte no siempre responden a la presencia de agua. En el entorno marciano, este tipo de polígonos también puede ser fruto de los ciclos de congelación y descongelación del suelo, de tensiones tectónicas o de la actividad volcánica del pasado.

El hallazgo de estas grietas se suma a las imágenes captadas por sondas orbitales como la MRO, que ha fotografiado patrones poligonales gigantescos, de entre 15 y 350 metros, en regiones como Hellas Planitia. No obstante, contar con Curiosity sobre el terreno permite analizar de cerca tanto la composición química como la mineralogía de la zona. Cada formación de este tipo representa una pieza clave para reconstruir el puzle del pasado marciano. La confirmación de estos ciclos de humedad y sequía ayuda a comprender cómo Marte pasó de ser un planeta potencialmente habitable a convertirse en el desierto helado que conocemos hoy. Es sorprendente que mucho tiempo después se den estos hallazgos; eso nos demuestra que la investigación sobre el planeta rojo es extensa y que no acabará pronto. ¿Cuál será el siguiente gran descubrimiento?