Steve Jobs murió en 2011 después de transformar Apple y convertirse en una de las figuras más influyentes de la industria tecnológica. Quince años después, sus cuatro hijos han seguido caminos muy distintos y ninguno ha intentado ocupar su lugar dentro de la compañía.
Lisa Brennan-Jobs se convirtió en escritora; Reed Jobs dirige una firma dedicada a financiar nuevas terapias contra el cáncer; Erin Siena Jobs desarrolla una carrera como ceramista; y Eve Jobs ha combinado el modelaje con la equitación profesional.
También existe una diferencia importante respecto a otras grandes fortunas tecnológicas. Los hijos de Jobs no heredaron automáticamente la mayor parte de sus miles de millones. El grueso del patrimonio quedó en manos de su viuda, Laurene Powell Jobs, quien ha señalado públicamente que no pretende construir una fortuna familiar que pase de generación en generación.
Lisa Brennan-Jobs y Reed Jobs tomaron caminos muy distintos
Lisa Brennan-Jobs, nacida en 1978, es la hija mayor de Steve Jobs y la única que tuvo con Chrisann Brennan. Su relación con su padre fue complicada desde el principio: Jobs negó durante años ser su padre hasta que una prueba de paternidad confirmó la relación, aunque con el tiempo ambos llegaron a reconciliarse parcialmente.
Después de estudiar en Harvard y pasar un periodo en el King's College de Londres, Lisa desarrolló una carrera como periodista y escritora. Sus textos han aparecido en publicaciones como Vogue y The Harvard Advocate, pero su trabajo más conocido es Small Fry, las memorias que publicó en 2018 sobre su infancia y su relación con Jobs.
El libro ofreció una imagen especialmente dura de su padre y describió episodios de distanciamiento, rechazo y conflictos económicos. Otros miembros de la familia cuestionaron parte de ese retrato, aunque la obra terminó convirtiéndose en una de las referencias más conocidas sobre la vida privada del fundador de Apple.
A diferencia de lo que se ha repetido en algunas versiones sobre la herencia de Jobs, Lisa aseguró posteriormente que no quedó completamente fuera del testamento. Según explicó a The New York Times, recibió una cantidad de varios millones de dólares, aunque muy alejada del patrimonio principal que pasó a Laurene Powell Jobs.
Reed Jobs, nacido en 1991, eligió un camino muy diferente. El diagnóstico de cáncer de su padre despertó desde joven su interés por la oncología y llegó a realizar prácticas relacionadas con esta área en Stanford cuando todavía era adolescente.
Después de estudiar en esa universidad, terminó centrando su carrera profesional en la investigación médica y en 2023 fundó Yosemite, una firma de inversión especializada exclusivamente en cáncer.
La compañía combina capital de riesgo con financiación temprana de investigaciones universitarias para convertir descubrimientos científicos en nuevas empresas y tratamientos. En 2026 ya trabaja con alrededor de una veintena de compañías surgidas de su primer fondo y también explora cómo la inteligencia artificial puede acelerar áreas como el descubrimiento de medicamentos y el diseño de ensayos clínicos.
Reed ha explicado en distintas entrevistas que su objetivo es contribuir a que el cáncer deje de ser una enfermedad mortal. Esa meta personal terminó definiendo su trayectoria mucho más que el legado tecnológico de su apellido.
Erin Jobs encontró su lugar lejos de la tecnología
Erin Siena Jobs, nacida en 1995, ha mantenido durante años un perfil mucho más reservado que sus hermanos. Esa discreción hizo que durante mucho tiempo hubiera poca información sobre su actividad profesional.
Su trayectoria, sin embargo, se ha vuelto más visible. Erin se ha dedicado a la cerámica y ha desarrollado un trabajo centrado en piezas realizadas a mano, especialmente recipientes y formas escultóricas de gres y porcelana.
Su interés por este oficio comenzó alrededor de 2019 y se intensificó durante los confinamientos de la pandemia. En 2022 mostró parte de su producción en Clay Is My Language, una exposición vinculada a Hauser & Wirth, donde fue presentada como una creadora emergente.
En 2026 dio un paso importante con New Works, su primera exposición individual en Europa, presentada en Hauser & Wirth París. La muestra reunió piezas que exploran las pequeñas irregularidades, texturas y cambios que aparecen durante el proceso manual de trabajar la arcilla.
La elección resulta especialmente llamativa por contraste con el mundo en el que creció. Mientras Apple se convirtió en símbolo de precisión industrial y diseño controlado al detalle, Erin trabaja con un material en el que las pequeñas variaciones forman parte del resultado final.
Su carrera artística sigue siendo mucho más discreta que la de sus hermanos, pero ya no puede considerarse una figura completamente alejada de la vida pública.
Eve Jobs pasó de la equitación a la moda
La menor de los cuatro hermanos, Eve Jobs, nació en 1998 y probablemente sea la que más exposición pública ha tenido durante los últimos años.
Antes de entrar en el mundo de la moda, destacó como jinete de salto ecuestre y llegó a situarse en 2019 entre las mejores competidoras menores de 25 años. También estudió en Stanford, donde se graduó en Ciencia, Tecnología y Sociedad en 2021.
Para entonces ya había comenzado a trabajar como modelo. Primero apareció en una campaña de Glossier y posteriormente dio el salto a las pasarelas internacionales.
Su carrera ganó impulso después de desfilar para Coperni en París y firmar con DNA Model Management en 2022. Desde entonces ha aparecido en editoriales de Vogue, en la portada de Vogue Japan y en campañas de Louis Vuitton, consolidándose dentro de la moda internacional.
Su vida personal también ha ocupado titulares. En julio de 2025 se casó en Inglaterra con el jinete británico Harry Charles, campeón olímpico de salto ecuestre, en una ceremonia celebrada en los Cotswolds.
Mientras Reed ha construido una carrera dentro de la biotecnología y Erin en el arte, Eve ha apostado por un perfil mucho más visible, ligado a la moda, el deporte y los eventos internacionales.
Laurene Powell Jobs heredó la mayor parte de la fortuna de Steve Jobs, estimada en unos 7.000 millones de dólares cuando murió, incluidas importantes participaciones en Apple y Disney. Con el tiempo ha destinado una parte considerable de ese patrimonio a inversiones, educación, medios de comunicación y proyectos filantrópicos.
Los cuatro hijos han terminado construyendo vidas muy distintas entre sí: literatura, investigación contra el cáncer, arte y moda. El apellido Jobs sigue teniendo un peso enorme, pero su legado familiar ha acabado extendiéndose mucho más allá de la tecnología.
