Los astrónomos han conseguido registrar uno de los instantes más difíciles de observar en la vida de una estrella: el momento exacto en el que comienza a explotar. Gracias a una rápida cadena de observaciones desde el espacio y la Tierra, un equipo internacional ha seguido la evolución de una supernova desde su primer y tenue destello de rayos X, un fenómeno que podría ayudar a entender mejor cómo mueren las estrellas más masivas del universo.
El hallazgo resulta especialmente llamativo porque la explosión no encaja por completo en ninguna de las categorías conocidas. Aunque comparte características con las supernovas más energéticas, no generó el intenso estallido de rayos gamma que los científicos esperaban encontrar, lo que apunta a un tipo de transición hasta ahora poco documentado.
Una explosión diferente a las habituales
Todo comenzó en marzo de 2026, cuando el satélite chino Einstein Probe detectó un débil pulso de rayos X procedente de una galaxia situada a unos 500 millones de años luz de la Tierra. Tras analizar la señal con diferentes observatorios, los investigadores identificaron el origen del fenómeno: una nueva supernova bautizada como SN 2026gzf.
Se trata de una supernova de tipo Ic de líneas anchas, un tipo de explosión que se produce cuando una estrella muy masiva ha perdido previamente sus capas externas de hidrógeno y helio antes de colapsar sobre sí misma. En muchos casos, estas explosiones están acompañadas por chorros de materia que viajan cerca de la velocidad de la luz y que pueden producir espectaculares estallidos de rayos gamma. Sin embargo, esta vez no ocurrió.
Los científicos creen que el débil destello detectado corresponde al denominado "shock breakout", el instante en el que la onda de choque generada por el colapso logra atravesar la superficie de la estrella y libera la primera radiación del evento. Se trata de una fase extremadamente breve, que puede durar apenas unos segundos o unas pocas horas, por lo que resulta muy complicado observarla.
En este caso, la rapidez con la que reaccionó la comunidad científica permitió apuntar numerosos telescopios hacia la misma región del cielo casi de inmediato. Entre ellos participaron varios observatorios de NSF NOIRLab, que siguieron la evolución de la supernova en distintas longitudes de onda durante sus primeros días.
Los investigadores destacan que el destello registrado es el más débil observado hasta ahora asociado a una supernova de este tipo. Este descubrimiento podría indicar que existen explosiones estelares "intermedias", con suficiente energía para compartir algunas características de los eventos más extremos, pero sin llegar a producir un estallido de rayos gamma. Comprender estas diferencias permitirá reconstruir con mayor precisión los últimos instantes de vida de las estrellas más masivas del cosmos.
