De acuerdo a un estudio publicado en Cambridge, la historia de las apuestas y los juegos de azar podría remontarse a prácticamente entre 12.200 y 12.800 años. En pueblos indígenas de Norteamérica se utilizaban los dados de dos caras; es posible que hayan nacido en el denominado Viejo Mundo. 

Los investigadores a cargo del estudio indican que los objetos encontrados que se remontan a estos tiempos no se tratan de piezas decorativas. Se trata de instrumentos fabricados para poder jugar y resultan en la aleatoriedad basada en reglas. El juego de azar no es nada nuevo; gracias a eso pudo pasar una integración del ser humano. 

El juego de azar mediante dados surgió en Norteamérica

El arqueólogo a cargo, Robert J. Madden, se dio a la tarea de crear un sistema de identificación que se basó en ejemplos etnográficos de datos nativos. Gracias a eso pudo revisar los materiales arqueológicos de diferentes épocas, para poder identificar a su vez qué podía considerarse como una herramienta de juego. 

Los resultados no mintieron; el estudio pudo identificar 565 objetos diagnósticos y es probable que existan otros 94 que estén repartidos en 57 yacimientos. Estarían ubicados en 12 estados del oeste y en el territorio conocido como las Grandes Llanuras. Solo 14 ejemplares serían tan antiguos, remontándose a unos 12.000 años, que estarían en depósitos denominados Folsom de Wyoming, Colorado y Nuevo México. 

No son dados como los conocemos desde hace años; se trata de piezas pequeñas hechas de hueso con dos caras diferenciadas que se hicieron mediante incisiones y pigmentos. Se lanzaban en grupo y el resultado dependía de las caras concretas al caer. Un buen comienzo de azar para competir, ganar (o perder) en la apuesta de bienes o hasta favores. 

Dados evaluados provenientes de nativos americanos

El juego de azar no era para divertirse solamente

En este caso, no solo se trataba de divertirse o de intercambiar cosas. En esos tiempos, el azar comenzaba a ser considerado como un descubrimiento, un hallazgo, la capacidad de que podía obtenerse un resultado incierto porque nadie podía controlar ese juego. La única forma en que podría variar era en la fuerza empleada. Tampoco podemos garantizar un resultado porque los dados pueden caer de cierta forma. 

El juego de azar de aquellos tiempos era la forma en la que los grupos podrían conocerse, lo que hoy se le conoce como socializar. Puede que funcionara como actividad de integración sin conocerse y después como un principio básico para poder fijar un intercambio o forjar alianzas. La apuesta de hoy es muy diferente a la de ese tiempo, pero al menos sabemos que nuestros antepasados lo hacían confiando en el desarrollo de sus propias herramientas, ya que las construían, cosa que hoy se hace de una forma completamente distinta.