Hace pocos meses, quien nos advertía de lo que puede llegar a suponer para nuestras vidas la IA era el Papa Francisco y, si vamos un poco más allá, encontraremos que alguien, como poco, tan influyente como él y, a buen seguro, más versado en estas cuestiones, nos avisaba de lo mismo. Era, claro Bill Gates y ambos coincidían en un hecho: en advertir que la IA, según cómo se use, puede mejorar la vida de las personas o agravar las desigualdades. El Papa lo hizo de manera clara y Gates, de una algo más críptica, porque indicó que el potencial disruptivo de la nueva tecnología era, como mínimo, idéntico al de la energía nuclear, que ha servido para generar electricidad abundante y barata pero, también, como herramienta de muerte. Antes que ellos dos, hubo ya otro personaje de referencia que habló de estos temas: Stephen Hawking.

¿Qué dijo Hawking?
Sus reflexiones sobre este particular aparecen en Breves respuestas a grandes preguntas, el libro que se publicó tras su fallecimiento. La IA, consideró en su día Hawking, podría llegar a generar una situación que definió como “explosión de inteligencia” que podría dejar a la Humanidad “muy por detrás” de las máquinas en términos de capacidad cognitiva. Este particular ha sido planteado ya en la ficción y no una, sino muchas veces. ¿Te suenan Skynet y Terminator? Pues de eso, precisamente, era de lo que hablaba Hawking hace un lustro. De momento, aunque sin querer, ya hay robots que han matado a personas. Y gente dispuesta a crear regulaciones que impidan eso.
La IA es algo serio
Más que como una predicción apocalíptica –en 2014 indicó, literalmente, que el desarrollo de una IA completa podría acabar con la raza humana- sus palabras deben tomarse como una advertencia: en sí, es lo mismo que decían el Papa Francisco y Bill Gates. Sobre el tema, hay otra voz más que autorizada que también ha hablado en estos meses y es la de José María Álvarez Pallete, presidente de Telefónica. Este pasado 2023, anunciaba en una carta que, con la IA de por medio y en desarrollo hace falta un nuevo contrato social que fije claramente los límites que aplicaremos a estas tecnologías disruptivas