No ha llegado –y esperemos que no lo haga- a los niveles que hace más de un año decidieron al Gobierno a aplicar el descuento general de 20 céntimos por litro, pero los precios de los carburantes han subido este verano y empiezan a acercarse peligrosamente al euro con ochenta céntimos en el caso de la gasolina de 95 octanos. En situaciones así –siempre pasa- espabilados que se autotitulan como quién sabe qué  identifican soluciones teóricamente geniales que, si se aplican, pueden acabar en desgracia. Ahí van tres:

 

Subir la presión de los neumáticos

Llevar los neumáticos con menos presión de la indicada por el fabricante del coche que los porta genera un consumo mayor, pero eso no significa que llevarlos con más suponga un ahorro perceptible. Si que puede implicar, y hay que tenerlo en cuenta, un desafortunado reventón de consecuencias impredecibles que pueden, incluso, llevar a desgracias mayores tras las que no habrá suficiente con acordarte de la parentela del listo que te aconsejó hacerlo.

Ir en punto muerto

Por supuesto que sin encender el motor no se consume, pero si bajas por una cuesta sin ninguna marcha engranada , el coche se moverá por inercia y perderás parcialmente el control. La posibilidad de perderlo completamente y tener un accidente es, por tanto, más que notable. Además, al no poder usar el freno motor, si circulas en punto muerto tendrás que recurrir más a los frenos convencionales y el desgaste de pastillas, líquido y otros componentes será mayor.

No usar luces ni aire acondicionado

Lo del aire acondicionado, ciertamente, genera sólo incomodidad, pero lo de las luces, además de infracción grave es despropósito mayúsculo, porque la posibilidad de accidente es cierta. En suma: si quieres ahorrar gasolina, haz otras cosas como, por ejemplo, distribuir bien los pesos o conducir de manera tranquila. Lo demás, no tengas duda alguna, son estupideces, pero ya se sabe: un bobo emboba a ciento si le dan lugar y tiempo.