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Estos han sido unos días muy importantes para el campo de la ciencia y, más concretamente, en el área de la astronomía. Toda Catalunya fijó la mirada en los cielos cuando el Sol y la Luna se besaron en uno de los eclipses más espectaculares de la historia. Unos días más tarde, también se produjo un eclipse parcial de Luna. De hecho, incluso Marte tuvo su propio eclipse solar con su luna Phobos. Pero ahora es hora de concentrarnos en lo que ocurre en la Tierra. La comunidad científica está muy preocupada con uno de los mayores problemas de la órbita terrestre, la basura espacial.

Un nuevo estudio ha encontrado restos de basura espacial que hasta ahora habían pasado desapercibidos en una de las zonas más importantes de la órbita terrestre. Se trata de la órbita geoestacionaria, situada a unos 36.000 kilómetros de la Tierra, donde trabajan algunos de los satélites más caros y necesarios para servicios como las comunicaciones, la televisión, Internet o la meteorología. Es un problema que preocupa cada vez más a la industria espacial. Empresas como SpaceX, por ejemplo, han retirado más de 4.400 satélites Starlink mediante descensos controlados para evitar que se conviertan en basura espacial.

La Tierra está rodeada de excrementos metálicos

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Warwick, ha permitido localizar objetos que resultaban demasiado débiles para ser detectados con los métodos habituales. Los científicos analizaron imágenes tomadas con el telescopio Isaac Newton, situado en La Palma, y encontraron 25 rastros de basura espacial que no habían sido identificados anteriormente. Alrededor del 80 % correspondía a objetos desconocidos.

Lo más preocupante es que algunos fragmentos apenas miden 5 centímetros. A esa distancia de la Tierra prácticamente no existe atmósfera que pueda frenarlos, por lo que pueden permanecer en órbita durante mucho, mucho tiempo. Además, estos objetos pueden desplazarse a varios kilómetros por segundo y causar graves daños si chocan contra un satélite.

Stuart Eves, coautor del estudio, resume así el peligro:

La basura espacial en la órbita geoestacionaria es un potencial campo de minas

Y precisamente por eso los investigadores creen que antes de enviar nuevos satélites a esta zona habría que conocer mucho mejor qué objetos se encuentran allí. Podría ocurrir una gran catástrofe. Sin ir más lejos, hace unos meses, durante la misión Artemis II, un satélite de Starlink sufrió una anomalía y se destrozó en pedazos. Debemos cuidar nuestro planeta, pero también su entorno.