Poco antes de que la misión Artemis II iniciara su despegue, un satélite de Starlink se rompía en pedazos sin razón aparente. La compañía de Elon Musk ha puesto miles de satélites en órbita: se han lanzado más de 11.000 y hay aproximadamente unos 10.000 activos, por lo que muchos han dejado de estar disponibles. Sin embargo, este caso relacionado con el Starlink 34343 es más intrigante de lo esperado.

El Starlink 34343 se destroza en cientos de pedazos sin explicación aparente

El incidente ocurrió el pasado 29 de marzo, apenas unos días antes del lanzamiento del cohete SLS que lanzó a la tripulación de Artemis II hacia la Luna. SpaceX ha confirmado la pérdida de comunicación con el satélite, sin dar muchas más explicaciones. De hecho, ha sido la empresa especializada en seguimiento orbital LeoLabs la que detectó un evento de creación de fragmentos justo después del incidente.

Según los datos recopilados, el Starlink 34343 sufrió una anomalía en su órbita a unos 560 kilómetros sobre la Tierra que ha hecho que se rompa en decenas de pedazos. Las informaciones aseguran que no se ha tratado de una colisión con basura espacial, todo apunta a un problema interno relacionado con la fuente de energía. Aunque Starlink ya ordenó el descenso de más de 4.000 satélites para evitar este tipo de colisiones.

SpaceX ha evitado en todo momento hablar de “explosión” como tal, aunque por los datos puede parecerlo. El incidente recuerda bastante a otro ocurrido en diciembre de 2025, cuando otro satélite Starlink sufrió una anomalía, perdió comunicación y liberó varios objetos rastreables tras un problema relacionado con el tanque de propulsión.

La compañía propiedad de Elon Musk sostiene que el incidente no supone un nuevo riesgo ni para la Estación Espacial Internacional, ni para su tripulación, ni para misiones como Artemis II. Por su parte, LeoLabs considera que, al haberse producido a una altitud relativamente baja, la mayoría de los fragmentos deberían reentrar en la atmósfera en pocas semanas sin producir ningún tipo de daño.

SpaceX, la encargada de poner en órbita los satélites de Starlink, ha sido muy criticada por llenar el cielo de satélites, produciendo tanto contaminación lumínica en el cielo nocturno como interferencias en las observaciones astronómicas y un aumento del riesgo de basura espacial. Aunque también son capaces de ofrecer internet de alta velocidad casi en cualquier lugar del mundo, además de controlar también el tráfico espacial.