Este volcán europeo revela un comportamiento que desconcierta a los científicos

El Etna es uno de los volcanes más activos e importantes de Europa. Situado en Sicilia, lleva siglos marcando la actividad geológica de la región con erupciones frecuentes que han servido como referencia para estudiar el comportamiento volcánico en todo el continente. Pero más allá de su actividad visible, lo que realmente está llamando la atención de la ciencia es lo que ocurre bajo su superficie, donde los procesos son mucho más complejos de lo que se podía pensar hasta ahora.

El Etna revela dos formas muy distintas de erupcionar según el comportamiento del magma en su interior

Un nuevo estudio ha analizado en detalle el interior del sistema volcánico del Etna a partir de cristales presentes en rocas volcánicas. Estos cristales no son simples restos sólidos, sino estructuras que pueden conservar información del magma en el que se formaron. En su interior quedan atrapadas pequeñas burbujas de gas y señales químicas que funcionan como un registro natural del recorrido del magma antes de una erupción.

A partir de este análisis, los investigadores han comparado dos erupciones del mismo volcán que, sin embargo, mostraron comportamientos internos completamente diferentes. La clave no está en lo que se vio en la superficie, sino en cómo se movió antes el magma en el interior del sistema volcánico.

En uno de los casos, el magma se almacenó durante un tiempo en zonas relativamente cercanas a la superficie del volcán. Esto permitió que el sistema evolucionara de forma más lenta, con una liberación más progresiva de los gases. La presión se fue acumulando de manera más o menos controlada, lo que dio lugar a una erupción más gradual y menos explosiva.

En el otro caso, el magma procedía de zonas más profundas y ascendió mucho más rápido. Este ascenso acelerado provocó que una mayor cantidad de gases quedaran atrapados, especialmente dióxido de carbono, ya que no tuvieron tiempo de liberarse antes de llegar a la superficie. El resultado fue una erupción más brusca, más explosiva y con un comportamiento mucho más difícil de anticipar.

etna volcan
El volcán Etna es uno de los más activos en Europa

Lo interesante de este trabajo no es solo la diferencia entre ambas erupciones, sino la evidencia de que un mismo volcán puede funcionar con distintos “sistemas internos” de magma. No existe un único patrón de comportamiento; hay varios escenarios posibles que dependen de diferentes factores como la profundidad del almacenamiento, la velocidad de ascenso o la cantidad de gases.

Esto tiene implicaciones importantes para la vulcanología, ya que demuestra que las señales observadas en la superficie no siempre reflejan con precisión lo que está ocurriendo en el interior. Dos erupciones pueden parecer similares desde fuera, pero estar originadas por procesos completamente distintos iniciados a kilómetros de profundidad.

El Etna vuelve así a convertirse en un ejemplo clave para entender la complejidad de los volcanes activos. Lejos de ser sistemas simples o repetitivos, este tipo de estructuras funcionan como sistemas dinámicos en los que pequeños cambios por dentro pueden cambiar por completo lo que acaba pasando en la superficie.

Queda claro con este estudio que para comprender una erupción volcánica, no basta con observar lo que ocurre arriba, sino que es necesario reconstruir la historia del magma desde su origen en las profundidades hasta su llegada a la superficie. Y son estudios muy importantes para intentar predecir cuándo puede llegar una erupción y su gravedad; algo similar se ha hecho también en Yellowstone, uno de los volcanes activos más peligrosos del mundo.