El supervolcán de Yellowstone no funciona como se creía: podría tener un motor oculto bajo la Tierra

Los científicos podrían haber resuelto el misterio sobre qué alimenta al supervolcán de Yellowstone, y la respuesta no es la que esperaban los geólogos. Los supervolcanes son algunos de los fenómenos más extremos del planeta, capaces de liberar más de 1000 kilómetros cúbicos de magma, roca y ceniza en una sola erupción, con un potencial devastador para el clima, los ecosistemas y la sociedad a escala global. Por ello, los investigadores llevan años tratando de entender qué ocurre bajo la superficie para mantener activos estos gigantes volcánicos.

No es una columna profunda que se eleva desde el núcleo terrestre; es un amplio “viento del manto”

La costa oeste de Norteamérica está sometida a diversas fuerzas geológicas que pueden generar un desastre en cualquier momento. Cerca de la costa californiana, un equipo de geólogos asegura que uno de los peores terremotos de la historia está cerca de producirse. Y ahora otro grupo de investigadores se ha centrado en el supervolcán situado en Yellowstone.

yellowstone national park
Yellowstone es uno de los puntos más críticos del planeta

Investigadores del Instituto de Geología y Geofísica de la Academia China de Ciencias (IGGCAS) ha elaborado un estudio sobre lo que sucede debajo de los supervolcanes más peligrosos del planeta. Concretamente, han desarrollado un modelo tridimensional detallado que simula el comportamiento actual de la litosfera y del manto subyacente de Norteamérica y han publicado sus resultados en la revista Science.

Durante muchos años, los científicos pensaban que los supervolcanes funcionaban como grandes “cámaras subterráneas” de magma líquido que se iban llenando poco a poco hasta explotar cuando la presión era demasiado grande. La idea era bastante simple: el magma se acumula, la roca no aguanta y llega la erupción.

Pero ahora esa visión está cambiando. Cada vez hay más evidencias de que, en realidad, no hay enormes cámaras de magma líquido como se creía. En su lugar, lo que habría bajo los supervolcanes serían grandes zonas de roca parcialmente fundida, algo así como una especie de “pasta magmática” repartida por amplias regiones de la litosfera, mucho más compleja y dispersa de lo que se pensaba.

En este contexto entra en juego la estructura interna de la Tierra. La litosfera es la capa rígida exterior, donde están la corteza y la parte superior del manto, y justo debajo está la astenosfera, que es más caliente y se mueve lentamente. Es desde esa zona desde donde se genera el magma que acaba alimentando sistemas como Yellowstone, aunque todavía no está del todo claro cómo se produce exactamente esa fusión.

El caso de Yellowstone es clave porque funciona como un laboratorio natural. Allí se ha visto que existe un sistema magmático enorme, inclinado hacia el suroeste, que no encaja del todo con la idea clásica de una única cámara de magma. De hecho, los modelos más recientes incluso sugieren que puede formarse una zona más líquida solo justo antes de una erupción.

Y aquí viene lo más llamativo del estudio: en vez de una columna de magma subiendo desde las profundidades de la Tierra, lo que podría alimentar Yellowstone sería un “viento del manto”, un flujo lento de material caliente que se desplaza bajo Norteamérica. Ese movimiento, ligado a otros procesos antiguos, estaría moldeando toda la zona y creando un canal por el que el magma asciende y se organiza bajo el supervolcán.