Desde hace un tiempo la comunidad astrofísica ha estado poniendo sus ojos en el asteroide Bennu, y no solo por estar catalogado como un objeto potencialmente peligroso. Aunque existe la probabilidad, muy baja, de que impacte contra la Tierra entre los años 2178 y 2290, hay otra cosa que traíde cabeza a los científicos, un comportamiento bastante extraño. Afortunadamente, la NASA parece haber descubierto el porqué de este comportamiento.
El asteroide Bennu se comportaba al revés de lo que debería, ahora sabemos el motivo
Normalmente, los asteroides como Bennu tienen un ciclo térmico muy claro: se calientan rápidamente durante su exposición al Sol y se enfrían con la misma rapidez al quedar en sombra, algo que suele asociarse a superficies arenosas capaces de disipar el calor con facilidad.
Sin embargo, las imágenes captadas por la misión OSIRIS-REx mostraron un escenario completamente distinto, con una superficie dominada por grandes rocas y un terreno irregular que no encajaba con ese comportamiento térmico esperado. Es decir, Bennu se estaba comportando al revés de lo que debería.
Para resolver esta contradicción hubo que esperar a la llegada de las muestras a la Tierra. Un equipo liderado por Andrew Ryan, formado por miembros de la Universidad de Arizona, de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos y de la Universidad de Nagoya en Japón, descubrió que las rocas de Bennu tienen una estructura muy porosa, similar a una esponja, lo que facilita la pérdida de calor. Además, los análisis revelaron la presencia de numerosas grietas en su interior, confirmadas mediante tomografía de rayos X y otras técnicas avanzadas.
Esta combinación de porosidad y fracturas explica finalmente por qué Bennu se enfría tan rápido, a pesar de no tener una superficie arenosa. Un hallazgo clave que no solo ayuda a entender mejor este asteroide, sino también a interpretar con mayor precisión los datos térmicos obtenidos desde telescopios en otros cuerpos similares.
