No será un día de mucho sol en Londres, pero tampoco está previsto que llueva en la capital británica en las próximas horas, según indican las previsiones meteorológicas. En cambio, sobre el número 10 de Downing Street, se está gestando una tormenta perfecta que podría dejar bien empapado al primer ministro británico, Keir Starmer. El inglés se encuentra al frente de un gobierno muy frágil y abocado a la crisis interna, mientras se van sucediendo los escándalos a su alrededor, empezando por el torbellino provocado por los nuevos correos de Epstein, que han afectado al ya exembajador en EE. UU. escogido por el mismo Starmer, Peter Mandelson. Se trata de un tema muy sensible en el Reino Unido y que afecta de lleno a la monarquía, con el exduque de York, ahora simplemente Andrés Mountbatten Windsor, afectado por sus vínculos con el pedófilo. Las elecciones, autonómicas y municipales, de este jueves pueden ser un jaque mate para su gabinete: además del previsible triunfo del independentismo en Escocia y Gales (Irlanda del Norte tiene otro calendario electoral) en estas comarcas también se registrará un auge espectacular de Reform UK, el partido de ultraderecha liderado por Nigel Farage, que superará con creces las formaciones que en el último siglo se han ido disputando el liderazgo del país, laboristas y conservadores. Así, los resultados de los comicios no solo pueden hundir al primer ministro, sino también convertirse en el certificado de defunción del bipartidismo británico.
Farage y Starmer, con los papeles cambiados
No hace ni dos años que Keir Starmer es el primer ministro del Reino Unido, un país donde, desde el San Juan de 2016, los acontecimientos se van sucediendo a gran velocidad. El Partit Laborista, el primero en habitar en la famosa casa de la puerta negra desde Gordon Brown, llegó al poder con una victoria incontestable después de conseguir deshacerse de Jeremy Corbyn. Concretamente, dobló los resultados anteriores y se encaramó hasta los 411, mientras los tories sufrían una derrota sin precedentes después de unos años nefastos y de desbarajuste gobernando el país. En aquellos comicios, los primeros desde la salida de la Unión Europea y con la novedad de Carlos III en Buckingham Palace, Nigel Farage volvió a tomar un escaño de la Cámara de los Comunes, en este caso, al frente de su partido de ultraderecha, Reform UK. El líder extremista no era entonces, ni mucho menos, una figura nueva en la política británica. De hecho, se podría decir que se trata de uno de los parlamentarios con una trayectoria más larga, fundador en los años 90 de UKIP, el partido que hacía bandera de la salida de la UE.
Un primer ministro cada vez más impopular
No han pasado ni dos años de la investidura de Starmer y la situación se ha girado como una tortilla. Las elecciones no pueden ser más inoportunas para el dirigente laborista, a quien la inestabilidad política y una serie de decisiones polémicas pasarán factura, según auguran todas las encuestas. Sin ir más lejos, un sondeo de YouGov publicado a finales de abril informaba que solo un 21% de los ciudadanos británicos tienen una buena opinión de Keir Starmer. Quien capitalizará esta caída en picado de la popularidad del primer ministro será el partido de Farage y también los Verdes, que desde hace unos años gozan de buenas perspectivas electorales. Hay que recordar que se tratan de elecciones a los parlamentos de Escocia y Gales y municipales en buena parte de los pueblos y ciudades del país. En total, se elegirán más de 5.000 cargos públicos en Inglaterra, entre concejales y alcaldes, pero los alcaldes de las ciudades más pobladas del país, empezando por Londres y pasando por Birmingham y Newcastle, no se renovarán. Sí que se escogerán, por ejemplo, los integrantes de los consejos municipales de más de una treintena de distritos que conforman la capital. Con esta cifra de cargos a renovar, se trata de un examen de medio mandato, similar al que se enfrentará Donald Trump el próximo noviembre. Y Starmer no sacará buenas notas.
De estos 5.000 cargos ingleses que se renovarán, la mitad están en manos de los laboristas, 1369 de los conservadores, los liberaldemócratas tienen 693, los Verdes 144 y el partido de Farage 2. El resto son independientes. Según una encuesta de More in Common, Reform UK pasaría de esta cifra irrisoria a los 1.515 “concejales”. Un ascenso comparable al de los Verdes, que podrían superar también el millar de representantes. En cambio, los laboristas caerían hasta los 458, en lo que sería una derrota muy sonada y que los conservadores no podrían aprovechar, también perdiendo más de docentes representantes. El fin del bipartidismo británico, resumido en unas elecciones locales. Además, Farage también lidera las encuestas para unas hipotéticas elecciones generales en el país, donde los ecologistas también suben y Starmer se acabaría de hundir.
Y ahora, ¿qué?
Ante este escenario desolador que se dibuja en el horizonte del primer ministro se abren una serie de interrogantes. El más relevante es si el laborista podrá aguantar con este contexto tan adverso. Durante el mes de abril, a raíz de la crisis por los lazos entre Epstein y el embajador Mandelson, ya había diversas voces que reclamaban la dimisión del primer ministro, entre ellos, Farage y Zack Polanski, líder de los Verdes en la cámara. Semanas atrás, ya lo había planteado, desde dentro de los laboristas escoceses su líder, Anas Sarwar. ¿Hay posibilidades de que Starmer convoque elecciones después de este previsible revés, también en los feudos históricos como Gales? Hasta ahora, también por el asunto Mandelson, se ha negado a dimitir.