Los paneles solares, si se pretende que rindan al máximo de sus capacidades, deben mantenerse siempre limpios, pero hacerlo es costoso y exige tiempo y dinero. Por eso, el Fraunhofer Institute for Organic Electronics, Electron Beam and Plasma Technology (FEP), una institución con sede en Dresde especializada en desarrollar proyectos vinculados a la electrónica orgánica y los materiales semiconductores, ha activado un proyecto para abaratar y agilizar esa imprescindible tarea.

¿Cómo piensan lograrlo?
La solución se llama dióxido de titanio, un material que se aplica sobre vidrios ultrafinos que se utilizan para construir las placas fotovoltaicas con el fin de convertirlos en superficies capaces de repeler la suciedad que resultan mucho más fáciles de limpiar y, por ello, garantizan una producción de energía más eficiente y consistente para la energía solar. El dióxido de titanio repele el agua en condiciones normales, lo que se denomina hidrofobia pero, cuando se expone a la radiación ultravioleta (a la luz solar) deviene superhidrofílico o, si se prefiere, completamente humectante. Es ahí donde el panel se consigue limpiar prácticamente solo. Se trata de un proceso denominado hidrofilicidad fotoinducida.
En superficies con un recubrimiento de dióxido de titanio de este tipo, este efecto significa que se puede depositar muy poca o ninguna suciedad. Si, por ejemplo, el polvo del tráfico, la arena u otros depósitos de suciedad en las fachadas de vidrio o los paneles solares, se eliminan por la hidrofobicidad nocturna de la superficie a través de las gotas de lluvia. Además, la alternancia cíclica de propiedades hidrofóbicas y superhidrofílicas hace que la suciedad no se adhiera a la superficie durante el día.


En abril
Los investigadores de Fraunhofer FEP han desarrollado ya los primeros recubrimientos y cuentan con presentar los resultados iniciales de estos en BAU 2023, la feria de materiales que se celebra este mes de abril en Munich.