Los avances de la IA están dejando de ser meras promesas para convertirse en una realidad aplicada tanto en el tejido empresarial como en áreas tan sensibles como la educación o el entorno personal. Muchos trabajadores temen perder sus puestos de trabajo por la sustitución que podría provocar la propia IA; sin embargo, no todo está perdido. Un proyecto de código abierto plantea ir en la dirección opuesta: sustituir a la alta dirección de las compañías mediante un modelo diseñado para hacer las veces de CEO y equipo ejecutivo.
Y no es para menos: el grupo de desarrolladores tras Open Executive perdió su empleo durante una fase que la empresa calificó de "transformación mediante IA". Aunque no se ha confirmado la identidad de sus creadores, esta herramienta no nace como una simple venganza por los despidos, sino todo lo contrario. Pretenden poner a prueba una idea incómoda: ¿qué ocurriría si los directivos estuvieran en la misma lista de prescindibles que los empleados?
Un experimento de IA donde los altos cargos son el objeto de estudio
Los modelos que impulsan este proyecto son los de Claude (Anthropic) y cuentan con un agente ejecutivo que redirige las consultas hacia los especialistas encargados de responder. Se trata de un comité de dirección virtual capaz de responder de forma coordinada, aunque lo más interesante es que su código es totalmente abierto, lo que permite modificarlo o reutilizarlo para ejecutar otros productos comerciales sobre su misma base. No es un simple chatbot que ejercerá de CEO o alto directivo; al ser de código abierto, se puede experimentar con él y alterar su lógica para que no se dirija a la plantilla, sino para analizar el trabajo de quienes toman las decisiones.
Los modelos de IA en las empresas ya procesan información, elaboran escenarios, redactan documentos, comparan alternativas a partir del histórico y coordinan equipos. Si estos sistemas se están preparando con esa base, ¿por qué no pensar que ese trabajo también se realiza en la cúspide de la pirámide? Sin embargo, hay un aspecto que dividirá a quienes evalúen este proyecto: una cosa es automatizar y otra muy distinta es asumir responsabilidades. Este es su gran talón de Aquiles, ya que Open Executive solo puede emitir recomendaciones, pero no puede encajar las consecuencias de sus decisiones. Sigue necesitando a una persona que tome la determinación final y decida si hace caso o no a las sugerencias.
La IA ha demostrado un potencial y un valor enormes, pero jamás podrá experimentar el impacto humano de una decisión que afecte a una empresa o a un equipo de trabajo. Open Executive lanza esta propuesta con el fin de que el discurso del reemplazo y la automatización se aplique en todos los frentes. Si las empresas deciden hacerlo con los empleados, ¿por qué no someter también a los directivos al mismo criterio?
