El cerebro sigue escondiendo muchos misterios y un grupo de científicos cree haber dado un paso muy importante. En lo más profundo del cerebro, este grupo de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder ha identificado un “interruptor” oculto que podría decidir si el dolor desaparece o se prolonga durante meses o incluso años.
¿Y si el dolor crónico pudiera desaparecer simplemente activando este interruptor?
Este estudio ha sido publicado en la revista Journal of Neuroscience y pone el foco en una región concreta del cerebro: la corteza insular granular caudal (CGIC), una pequeña región cerebral oculta que actúa como "centro de mando del dolor crónico". Los investigadores comprobaron que al desactivar este circuito se puede prevenir el desarrollo del dolor crónico e incluso frenarlo una vez ya ha comenzado.
Nuestro estudio empleó diversos métodos de vanguardia para definir el circuito cerebral específico que determina si el dolor se vuelve crónico y le indica a la médula espinal que ejecute esta instrucción
La autora principal del estudio, Linda Watkins, catedrática de neurociencia del comportamiento en la Facultad de Artes y Ciencias, lo resume así: «Si se desactiva este circuito clave, el dolor crónico no llega a desarrollarse y, si ya está presente, puede desaparecer».
Este trabajo llega en un momento clave para la ciencia, que algunos investigadores ya describen como una auténtica “fiebre del oro de la neurociencia”. Gracias a nuevas herramientas, ahora es posible controlar con gran precisión grupos concretos de neuronas, muy relacionadas con problemas complejos como el dolor crónico.
Este avance abre la puerta a tratamientos mucho más específicos, desde terapias dirigidas hasta interfaces cerebro-máquina que podrían sustituir a los opioides. El estudio se centra en entender por qué el dolor, en algunos casos, no desaparece.
A diferencia del dolor puntual que aparece tras un golpe o una lesión, que nos avisa de que algo va mal, el dolor crónico persiste incluso cuando la lesión ya se ha curado, convirtiéndose en una especie de falsa alarma constante. Por eso este estudio es tan relevante, los investigadores identificaron una región clave del cerebro que podría ser clave en este tipo de dolor.
Al analizar cómo funciona este circuito, comprobaron que el CGIC envía señales a otras zonas del cerebro y a la médula espinal para seguir transmitiendo la sensación de dolor. Si se consigue desactivar este circuito, el dolor no solo se reduce, sino que puede desaparecer incluso cuando ya se ha vuelto crónico. Aunque aún quedan pasos importantes antes de que esto se pueda aplicar en humanos, este hallazgo puede ofrecer una solución en el futuro a muchas personas en el mundo.
