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La historia sobre la extinción de los dinosaurios que nos han contado durante años debe actualizarse. De acuerdo con una investigación realizada por expertos de la Universidad de Columbia Británica y expertos de otros países, hay nueva evidencia que habla sobre las características específicas del meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, debido a un colapso climático.

Tal como señala la publicación de ScienceDaily, la aplicación de la patología forense planetaria determinó cómo en su momento fue posible la desaparición del 75% de las especies de la Tierra. Durante décadas, la teoría dominante afirmaba que el azufre liberado por el impacto generó aerosoles de sulfato que bloquearon el sol, provocando un enfriamiento global devastador y lluvia ácida.

El verdadero origen del invierno de los dinosaurios

Este estudio se centró en la composición del meteorito. Como el asteroide era una condrita CO, un meteorito extremadamente raro y primitivo que proviene del sistema solar exterior cerca de la órbita de Júpiter. Lo que no se sabía hasta ahora era que su porcentaje de azufre es realmente bajo, demostrando que la roca espacial en sí no fue la fuente del gas de azufre toxicorradiativo.

El responsable fue la colosal cantidad de polvo de silicato extremadamente fino expulsado a la estratosfera por la fuerza bruta de la explosión del choque provocado por la velocidad de 64.000 km/h. Ese polvo flotó durante años, bloqueando la fotosíntesis y congelando el planeta en un "invierno de impacto".

El resultado fueron 15 años, divididos en distintas etapas, que ocasionaron el desgaste de la atmósfera, apta para la vida. Sin fotosíntesis durante dos años y con un planeta congelado durante 15, solo sobrevivieron los organismos de tamaño reducido que podían enterrarse, hibernar o alimentarse de materia orgánica en descomposición, como los pequeños mamíferos, aves, insectos y reptiles pequeños.

La Tierra vs. los cuerpos celestes

Con este nuevo escenario, los astrofísicos y geólogos recalibraron sus simulaciones sobre cuánto tiempo tarda la atmósfera en limpiarse tras un choque catastrófico. Y esta comprensión es vital para el futuro. No es lo mismo desviarle la órbita o fragmentar un asteroide metálico denso que una condrita carbonácea más porosa.

Por suerte, la ciencia avanza para adelantarse a eventos de esta magnitud. En septiembre de 2022, la NASA llevó a cabo la misión DART (Double Asteroid Redirection Test), estrellando una nave del tamaño de un refrigerador a 22.500 km/h contra el asteroide Dimorphos. El éxito de la misión demostró que es posible modificar deliberadamente la trayectoria de un objeto celeste, aunque dejó en claro que el tiempo de anticipación es el factor clave para lograrlo.