Las urbanizaciones están en el punto de mira por los incendios, después de que los fuegos hayan puesto en peligro a los vecinos de les Cabanyes, en el fuego de les Gavarres; de les Garrigues, en el de l'Anoia; y del Farell, en el de Sentmenat. Este tipo de núcleos urbanos en entornos forestales son especialmente vulnerables a los incendios, motivo por el cual hay una serie de medidas de prevención y preparación que se deben seguir, como dejar libre de vegetación los alrededores de las edificaciones. Se trata de las franjas de protección perimetral, que deben rodear las urbanizaciones y deben estar libres de vegetación seca, y con los árboles podados y aclarados. Pero tanto la situación de los bosques en los últimos años como el aumento del calor por la crisis climática hacen que haya aumentado la virulencia de las llamas, y que ahora nos preguntemos si hay que cambiar las franjas de protección.
Este tipo de franjas deben tener una anchura de 25 metros como mínimo, y deben ser una zona de baja combustibilidad, que no queme con facilidad y que presente un estrato arbustivo moderado para evitar la propagación del fuego, según la guía publicada por el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) en el año 2022. En conversación en ElNacional.cat, el experto Guillem Canaleta, técnico del Área de Paisajes y Sociedades Resilientes de la Fundació Pau Costa —centrada en la prevención y la gestión de incendios forestales—, hace hincapié en el hecho de que estos 25 metros de anchura son "como mínimo" y que pueden ser más. De hecho, recuerda que ya hace tiempo que los incendios pueden superar esta distancia, como el del 2022 en el Pont de Vilomara (Bages), que pasó por encima de la franja de protección de la urbanización River Park. Si llegan fuegos de sesenta metros, pues con franjas de 25 "no es suficiente".
Urbanización a urbanización
En este contexto, hay expertos que apuestan por aumentar la anchura mínima e, incluso, duplicarla. Pero Canaleta va más allá y dice que "poner un estándar no es lo más eficiente". Es decir, que fijar unas franjas de, por ejemplo, 50 o 100 metros para todos los núcleos urbanos es poco factible, ya que cada uno tiene unas características diferentes y se dedicarían un exceso de recursos que dejarían de destinarse a otras actuaciones más importantes. "Se debe hacer un estudio urbanización a urbanización", defiende, y entonces establecer si en un lugar se necesitan franjas de 60 metros y en otros es suficiente con franjas de 20 metros.
Ahora bien, el problema ya no es si los 25 metros son suficientes o no, sino que hay muchas urbanizaciones en las que directamente ni los tienen. En otras, que no las mantienen. En la guía del CREAF se explica que al cabo de uno o dos años ya se alcanzan valores de vegetación superiores a los umbrales máximos establecidos por la normativa, de modo que hay que hacer una nueva actuación. No es solo abrir franjas, también hay que tener en cuenta el mantenimiento. Los costes no dejan de subir.
¿Quién se tiene que hacer cargo?
El técnico de la Fundación Pau Costa recuerda que la franja la tiene que hacer el propietario de la edificación, pero también apunta que no abrirlas o no mantenerlas es "inviable", motivo por el cual los ayuntamientos son responsables subsidiarios y que, una vez hecha la actuación, después pueden pasar la factura. La duda surge cuando la urbanización en cuestión es ilegal y, por lo tanto, no paga impuestos. Entonces, ¿el consistorio tiene que pagar? ¿Es justo? "Desde el punto de vista de protección civil, se tiene que proteger al ciudadano, independientemente de que la urbanización sea legal o ilegal", considera.
Ahora bien, Canaleta opina que tampoco se trata de discutir quién paga o quién deja de pagar, sino que es algo que implica a todo el mundo. El ayuntamiento, por ejemplo, puede sacar adelante ordenanzas municipales para nuevas construcciones y evitar que haya más urbanizaciones ilegales. "Es un fenómeno de hace décadas, hay muchas que no tendrían que estar. Pero tampoco vas a echar a la gente que vive allí", reflexiona el experto. Con respecto a los vecinos, tendrían que sustituir las vallas de materiales tan inflamables como el brezo, o cambiar los pinos por encinas. De la misma manera, las personas que viven en urbanizaciones tienen que estar preparadas y tener más cultura de la autoprotección, con el fin de evitar situaciones como las de Les Gavarres. "La prevención tiene que incluir tanto a ayuntamiento como a vecinos", concluye.
Imagen principal: la urbanización de Les Garrigues, afectada por el incendio de la Anoia / ACN